Opinión

Carta abierta al Alcalde de Puerto Varas

El Heraldo Austral

Estimado Alcalde

En relación al Plan Regulador en actualización, vemos como deliciosa ciudad cóncava con vista al lago convexo, pletórica de bullente pero justa vida pueblerina, se nos va ir yendo entre los dedos, y se irá transformando en una ciudad exclusiva, excluyente, y absurdamente clasista.

El aumentar el radio urbano, con una bajísima densidad y grandes superficies prediales, prácticamente mantienen el statu quo actual de la ciudad, caracterizada por estar rodeada por un cinturón de Parcelas de Agrado congelando su crecimiento.

En el borde costero, se plantea alta constructibilidad con una baja densidad, lo que significa en la práctica solo dos cosas; Enormes complejos Edificios Hoteleros y proyectos de vivienda, en baja altura con superficies de no menos de 400 m² para hacerlos rentables, destinados a primera o segunda vivienda para los patria potestad de las 10 familias más ricas de este país.

La Zona Patrimonial, que alberga el casco histórico, de baja ocupación de suelo y baja densidad, tendrá poco interés de inversión inmobiliaria, el centro cívico continuo a Colón, prácticamente condena muerte a la construcción de vivienda, y la Zona ZH5, con su densidad y constructibilidad, no permite el desarrollo de viviendas dignas en altura. 

La falta de diálogo entre el borde costero y el interior de la trama urbana, hace que el zurcido urbano sea discontinuo y la costanera sea solo una máscara de teatro griego, escondiendo la justeza de la tragedia y comedia de nuestra ciudad cóncava.

Señor Alcalde, en esta ciudad ya no tendremos cabida los herederos de la orgullosa ascendencia huilliche, de dura estirpe chilota, o los descendientes de la esforzada colonia alemana, ciudadanos de aporreada clase media, porque la ciudad que forjaron nuestros antepasados se nos hará insoportablemente cara para vivir, sin servicios, colegios colapsados y sin vida de comunidad.

Los trabajadores que vivimos tendremos que emigrar y acudir a nuestros trabajos en este ghetto cultural y social, en cómoda y dorada reclusión, desde más allá del horizonte, aumentando la congestión vial, haciendo inaccesible la ciudad en horas punta.

Las calles del centro y la costanera verán morir la vida de barrio, y se transformarán en un figurín insoportablemente lleno de todo tipo de razas, colores de piel y un idiomático galimatías en verano, y vacías de vida el resto del año, ejemplos de ezquizofrenias urbanas que tenemos a montones alrededor del lago Llanquihue.

Por mucho que se construya una costanera que realmente haga dialogar el lago, el paisaje, la gente y la ciudad, estará vacía de vida comunitaria, porque unos pocos interesados hicieron prevalecer su egótico e interesado visión de vida y negocios. 

Si bien es cierto, que el futuro de Chile no está ni en el cobre, ni en el salmón, y ni siquiera el litio, sino en el turismo, me niego a vivir en una ciudad de maqueta barata, un parque temático de papel maché, copia barata de Las Vegas, digna para la selfie de rigor, que siempre tiene como fondo al lago milenario y a los volcanes telúricos y ni tan imperturbables, porque las rosas, las risas, el aroma de los apfel strudel, la conversa fácil, en fin, lo que hace vivir una ciudad, se habrá extinguido hace rato...

 

José Francisco Troncoso Robles
Arquitecto  U. de Chile  ICA 5176