Opinión

Columna Opinión: Estimulación Temprana, por Bárbara Benavides Arias, Académica de Kinesiología Universidad San Sebastián Sede De la Patagonia

El Heraldo Austral

Las bases neurológicas de la Estimulación Temprana (ET) se centran principalmente en la Plasticidad Neuronal, llamada también Capacidad Adaptativa del Sistema Nervioso Central (SNC), que es la habilidad del cerebro de modificar su propia organización estructural y funcional en respuesta a una demanda del medio ambiente.

El SNC es más flexible y dúctil cuanto más jóven se es y esta característica va disminuyendo con el pasar de los años. Es por esta razón que a un niño le resulta más fácil aprender un idioma o andar en bicicleta que a un adulto. El SNC se estructura recibiendo impulsos y dando respuestas precisas de acorde al estímulo entregado. El objetivo es conseguir una mejor adaptación funcional al medio ambiente. El cerebro producirá respuestas más complejas en cuanto los estímulos ambientales sean más exigentes, por lo tanto, el aprendizaje implica cambios no solo en la conducta sino también en la estructura, función y composición de las neuronas.

La Estimulación Temprana tiene por objetivo, entonces, optimizar el desarrollo normal del niño, prevenir la aparición de déficit asociados a un riesgo biológico, psicológico o social, atender las necesidades de la familia, aminorar los efectos de una discapacidad, aumentar el control emocional del niño, proporcionar una sensación de goce, alegría y motivación, ampliar la habilidad mental y la capacidad de aprendizaje y estimular la creatividad, curiosidad, exploración e imaginación de los niños. Por lo tanto, está dirigida a todos los niños, desde su nacimiento hasta los 2 años de edad, sin importar si presentan algún tipo de discapacidad motora y/o cognitiva y puede ser realizada por un profesional especializado o por el propio entorno familiar del niño.

Este tipo de intervención es fundamental durante los primeros años de vida de nuestros niños. Potenciar y afianzar el desarrollo psicomotor nos da las bases para el desarrollo de habilidades futuras, sociales, cognitivas y motoras. Durante esta primera etapa es fundamental la relación con sus padres. Debe existir un apego seguro que permita el desarrollo del niño y su exploración del medio que lo rodea, como padres debemos acompañar y guiar, sin limitar su desarrollo.

Durante los dos primeros años de vida el niño comprende y analiza su entorno a través de su propio cuerpo, esto es descrito por Jean Piaget, reconocido científico Suizo, creador de la Epistemología Genética, famoso por sus aportes al estudio de la infancia y por su Teoría del Desarrollo Cognitivo y de la Inteligencia; como Etapa del Desarrollo Sensoriomotríz,  en la cual el niño a través de reflejos, movimiento y su relación con los adultos significativos, comienza a desarrollar nociones del esquema corporal, fundamentales para la postura y logro de los movimientos coordinados, armónicos y fluidos.  El niño, en la medida que se mueve y se relaciona con los juguetes aprende en forma vivencial nociones de tiempo, distancia, relaciones espaciales: arriba, abajo, cerca lejos etc., las que luego podrá abstraer en pensamientos más complejos y que serán fundamentales para la etapa preescolar. Durante esta primera etapa, también se desarrolla las aéreas sociales y cognitivas.

Como hemos visto, potenciar el desarrollo motor es fundamental en esta etapa. A través de él, permitimos un desarrollo armónico del niño, brindándole las posibilidades de aprender de su propia experiencia. Como padres de un niño lactante, debemos conocer cuáles son las etapas del desarrollo y como debemos potenciarlas.

Durante el primer trimestre del bebé, es fundamental que la madre coloque al niño en diferentes posiciones y no solo sea mantenido en coche o en su cuna, debemos colocar al niño de guatita cuando este despierto, ya que, es en esta posición donde comienzan los mecanismos que le permitirán verticalizarse y explorar el mundo.  A los 4 meses el niño debe ser capaz de mantenerse de guatita afirmado en sus codos y elevar su cabeza, desde esta posición. El niño podrá luego elevarse contra la gravedad y alcanzar el gateo, esta es una habilidad psicomotriz que tiene muchos beneficios.  Le entrega al niño una coordinación y activación muscular similar a la que requerirá cuando camine, permite potenciar el control de la postura, además permite que los niños desarrollen buenas reacciones protectoras de brazos lo que les permitirá protegerse cuando comience a caminar.   Podrá y sabrá apoyarse cuando caiga y no se golpeará la cara.  En esta etapa el niño comienza a reconocer el espacio, estructurando su esquema corporal.  Esta etapa es muy importante en el futuro, ya que se ha visto que potenciar la coordinación visomotora y motricidad fina de nuestros niños es fundamental en el proceso de lectoescritura.

Debemos dejar que nuestros hijos se muevan en el suelo y descubran el mundo desde esta posición.  Está contraindicado, por ejemplo: sentar a nuestros niños antes de tiempo, un niño puede sentarse con un buen control de la postura entre los 8 o 9 meses, si siento a mi hijo antes, a los 5 meses, por ejemplo, utilizando cojines por los lados como es lo tradicional, lo que estoy haciendo es someter al niño a una actividad para lo cual no está preparado aún, no podrá vencer la fuerza de gravedad sin colapsarse y no logrará mantener su tronco extendido. Por el contrario, su tronco se mantendrá curvo, en cifosis y se irá hacia los lados, ya que las reacciones de balance aún no se encuentran desarrolladas. Si ésta es la única posición que el niño mantiene durante el día, puede traer problemas futuros en su postura.

Existen muchos mobiliarios que se venden en el mercado para estimular el desarrollo motor de los niños, uno de ellos es el andador, estos no son recomendables ya que además de peligrosos, pudiendo causar traumatismos, no desarrollan en el niño ninguna de las habilidades necesarias para que este logre una marcha adecuada.  Con el andador el niño no desarrolla control de tronco y pelvis; no permite cargar y transferir peso adecuadamente, no facilita las reacciones de equilibrio, ya que el andador mantiene la postura. Con el andador, el niño generalmente adopta una postura de semiflexión de caderas y rodillas y los pies están en punta, lo que podría traer alteraciones ortopédicas en el futuro. Se ha visto que la mayoría de los niños que utilizan andador no gatean, y ya conocimos lo importante que es el desarrollo de esta habilidad.