Opinión

OPINIÓN: Ciudad y Responsabilidad Social Empresarial

El Heraldo Austral

Históricamente Puerto Varas ha tenido como uno de sus principales motores de desarrollo la actividad turística. Como es sabido, luego de las primeras expediciones de misioneros durante el siglo XVIII no es sino hasta comienzos del siglo XX que se logra traspasar de manera efectiva la cordillera a través del paso Vuriloche. Inicialmente motivados por un objetivo comercial, con el tiempo se descubrió el alto valor turístico que el paisaje del traspaso cordillerano albergaba. Hoy en día el Parque Vicente Pérez Rosales, con los saltos del Petrohué, el Lago Todos los Santos y el paso Peulla es uno de los principales atractores turísticos a la zona. Día a día buses trasladan desde Puerto Varas a visitantes a conocer los atributos excepcionales del lugar.  

A partir de 1900 existen distintos hitos que han marcado y reorientado el desarrollo de la Ciudad. Por ejemplo, la llegada del ferrocarril en 1912, o el terremoto de 1960 y las obras de reconstrucción posteriores. Pero no es sino hasta la década de 1990 que realmente se produce una revolución en la ciudad. El despegue de la industria pesquera, particularmente la salmonicultura, rubro que llegó a complementar la ya extendida actividad turística, abrió paso a la migración desde el centro del país de una gran cantidad de población. Como parte de este fenómeno se trasladaron a la ciudad de Puerto Varas segmentos sociales de gran capacidad económica, de alto poder adquisitivo, en complemento a la migración de trabajadores en busca de mejores expectativas de vida. 

El Plan Regulador de 1990 estimaba en su visión más optimista un aumento desde los 13.600 habitantes en el año 1987 a 24.926 para el año 2017, es decir, casi duplicar la población en 30 años. Sin embargo, con la irrupción de la actividad salmonera, ya para el año 2002 se había alcanzado esa meta.  

Con este fenómeno se introdujeron en la ciudad nuevas variables, tensiones y demandas. Los precios del suelo urbano aumentaron considerablemente, se activó la industria inmobiliaria y la precaria estructura base de la ciudad (calles, plazas, redes eléctricas y sanitarias) comenzó a ser sobre demandada. Recordemos que las últimas grandes inversiones se realizaron luego del terremoto de los años 60. Se conectó la costanera y se pavimentaron gran cantidad de calles entre otras medidas. Hoy sin embargo la ciudad poco a poco ha evidenciado esta sobre demanda y ha comenzado a deteriorarse. Falta de espacios públicos, mala calidad de calzadas, falta de conectividad, precariedad de las instalaciones sanitarias, eléctricas, etc.

Quizás como reacción a estos fenómenos, durante el último tiempo han surgido numerosas iniciativas ciudadanas tendientes al mejoramiento de la vida en la ciudad. Vecinos se han agrupado preocupados por ejemplo por la mala calidad del agua del lago (fuertemente contaminada por la desidia y años de falta de inversión en el mejoramiento de las redes sanitarias), la arborización urbana, la recuperación de espacios de ferrocarriles que paulatinamente se han ido vendiendo a privados, la conservación del cerro Philippi, la puesta en valor de la Zona Típica de Puerto Varas y la materialización del memorial del Vapor Santa Rosa por mencionar algunas. Todas iniciativas surgidas de la iniciativa de los propios habitantes de la ciudad, muchas realizadas a pulso, sin recursos.

¿No es acaso una oportunidad para que las grandes empresas de la región instaladas en la década de 1990 puedan colaborar en el mejoramiento de la ciudad, de la cual indirectamente han aprovechado sus condiciones excepcionales, generando alianzas con comunidades locales como sí se realiza en otros rubros económicos relevantes como la minería o la energía? 

Basta con ver el ejemplo de la Minera Collahuasi con la recuperación del patrimonio nortino.

Acá, aún es una tarea pendiente.


Pablo Moraga Sariego
Arquitecto
Asociación por el Patrimonio y Memoria Histórica de Puerto Varas