La apacible vida de los Perros de la Galería
Dormir, comer, ladrarle a un ciclista que circula por la vereda, volver a dormir, pasear hasta la cuadra siguiente, dormir, comer, perseguir un auto (unos metros no más), volver a dormir, ladrarle a un transeúnte, dormir otro poco, ir a la playa en verano… a dormir y comer… esa es la apretada agenda que día a día enfrentan los cuatro “esforzados” perros que han hecho de su hogar la cuadra de la Galería Real de Puerto Varas, que bajo el cuidado de los habituales del sector, de la comunidad y hasta de los turistas, gozan de una dieta rica en completos, sopaipillas, carne y pan, que les permite evitar la bajeza de comer comida de perros, la cual, desprecian profundamente.
Los nombres de estos distinguidos personajes de la escena local son: Flaquita, La Negra, Anémico y “Musho Shueño” (en verdad que tiene cara de sueño), y hay un quinto, que va y viene desde hace un par de meses, que es un poco más atlético llamado “Hércules”.
Marcos Elgueta, más conocido como “Sopita”, quien vende el diario en la Galería y es uno de los principales cuidadores de estos distinguidos canes, nos comenta que de a poco se están viendo menos perros vagos en las calles de Puerto Varas, sobre todo en el centro de la ciudad donde solían transitar muchos y ahora sólo quedan dos grupos: los cuatro que siempre están en la Galería y dos en calle San Francisco esquina Walker Martínez.
“A los perros de la Galería toda la gente los alimenta y viene un matrimonio de artesanos en la noche que le coloca cartones y les da comida todos los perritos de la calle. Y la gente que les pasa a dar comida. A mí ni me pescan porque como les traigo comida para perro, prefieren comer pura comida chatarra: sopaipillas, le pasan a dejar completos, carne, entonces el alimento para perro es lo último que comen”.
“Son súper tranquilos y a veces se ponen pesados con alguna gente que anda con malas intenciones, ellos se dan cuenta cuando una persona anda con malas intenciones y se le ponen a ladrar, pero en términos generales se portan bien, duermen todo el día y cuando está bonito, o en el verano se mueven a la playa. Lo que no les gusta es que pasen los ciclistas por la vereda, y tienen razón, porque los ciclistas tienen que andar en la calzada”.
Como se podrán dar cuenta, nuestros distinguidos perros de la galería hacen un tiempo en su apretada agenda para ladrarle a algún transeúnte que les cayó mal o a algún ciclista desubicado. El resto….dormir y comer. En ese orden.
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