"Mariano Latorre y la “Ully” de estas tierras sureñas" Por Rafael Piquer A. Investigador en Historia de la Región de Los Lagos

“Los recuerdos comenzaron a precisarse nítidamente. Sentíase con una rara sensación de   encogimiento en esta casa germana de una aldea del Lago Llanquihue, a la que había llegado sólo el día anterior, con su caja de pintar al brazo y un par de calcetines de repuesto en el bolsillo de su pantalón de montar.”

“Ully”, Mariano Latorre.


Don Marco Bontá Costa (1899-1974), espléndido pintor y crítico de arte chileno, amén de fundador y director del Museo de Arte Contemporáneo, en su “Mariano Latorre. Recuerdos de un pintor” (Revista “Atenea”, Volumen 33, N° 370, 1956), rememora cómo a principios de febrero de 1922, cuando se encontraba pintando en el viejo muelle de Puerto Montt, tropezó inesperadamente con el celebrado escritor chileno Mariano Latorre Court (1886-1955). Nos dice: “Al mediodía atracó un vapor de la Compañía Braun y Blanchard, dejé los pinceles y me distraje observando el desembarco. Descendieron varios militares de la guarnición y un viajero. Viéndole avanzar por el centro del muelle, con una maleta, a largos pasos lentos, alto, rubio, de amplio bigote cobrizo, diríase que se trataba de un colonizador de la provincia de Llanquihue. Pero, por el interés de las miradas que dirigía hacia todos los costados, comprendí que no era del lugar. Ya cerca, cuando descubrió al pintor, vino en mi dirección. Nos reconocimos mutuamente: se aproximaba el escritor Mariano Latorre.” 

 Pintor y escritor se conocían, debido a que don Mariano había sido profesor de don Marco en el Liceo de Santiago (Recoleta), y, el encuentro casual dará lugar, a que juntos, recorran la región – que ninguno de los dos había visto antes –, ya que, los unía “la mutua admiración a nuestra tierra chilena, con su paisaje y su pueblo”, circunstancia que permitirá la visita incluso a una familia de origen alemán en Chamiza… Y, según don Marco don Mariano se mantuvo, también, “escudriñando con verdadera pasión la imagen externa como el contenido íntimo de la vida de este singular rincón de Chile… Seguramente, ya ´Ully´ iba camino de gestación”, la obra a que aludimos en el título y que nos toca directamente.

Don Mariano hacia 1922 ya era un escritor consagrado en Chile. Había llamado la atención con sus obras “Cuentos del Maule” (1912), “Cuna de cóndores” (1918) y “Zurzulita” (1920), por lo que, cuando venía a nuestra región, estábamos frente a uno de las principales plumas que tenía el país, situación que demostró con el resto de su labor literaria, la cual será coronada al recibir el Premio Nacional de Literatura (1944) y al ofrecer libros como “On Panta” (1935) y “Chile, país de rincones” (1947). Con todo, lo importante estaba en que don Mariano representaba una corriente, una forma de hacer literatura que tendía a centrarse más en que el país, nuestro Chile, debía ser la razón de escribir, algo que recibió el nombre de “Criollismo”. Y, en ese sentido, la obra “Ully” (1923) es una consecuencia de lo anterior, de momento que, don Mariano, al decir de Milton Rossel (Revista “Atenea”, citada antes), “se aleja ahora de los cerros del valle central para situar el relato en una bella ciudad del sur, de típica arquitectura germánica, junto a un lago extenso como un mar.”

Así es, la narración transcurre en alguna aldea, a orillas del Lago Llanquihue, pues el pintor Emilio Labarga, residente habitual en Santiago de Chile, ha venido a nuestro sur, invitado por un compañero de viaje ocasional, Carlos Stolze, a pintar a “orillas del Lago Llanquihue”, a “inmortalizar el lago en la tela” y, como no tiene dinero, acepta ser huésped de la casa de ese “muchacho ingenuo”, aquel compañero de viaje.

Mientras permanece en nuestra zona Emilio Labarga, no sólo intenta pintar – desea exponer en Osorno –, sino que, además, termina por experimentar sentimientos románticos hacia la hermana menor de Carlos Stolze, Ully, pese a que está casado y tiene descendencia: el asunto no prospera, a causa de que Labarga prefiere no seguir adelante. Mas, ese argumento sencillo le sirve a don Mariano para, en repetidas ocasiones dar cuenta de la admiración de un lugar edénico, como serían nuestras tierras, en la fecha de la narración. Por ejemplo, en un primer momento escribe: “Todo era quieto, silencioso, envuelto en la frescura dorada del atardecer: el limpio caserío, prolongado en una sola calle a la orilla del lago, el sueño azul de las dormidas aguas, al pie de las moles violadas de las cordilleras que erguían con armonioso equilibrio sus cabezas blancas en el cielo levemente verdoso. El sosiego de una vida sin inquietudes perdíase en el aire como un vaho idílico.” O, luego, al escribir: “La casa, de dos pisos, está en el plano, al nivel del lago, como casi toda la aldea, pero en el patio mismo mueren las escarpas de la ondulada tierra austral, en cuyos flancos se encrespa el verdor intenso de los papales y se riza al aire el oro tostado de alguna sementera de trigo.” Es decir, don Mariano no se cansa de alabar a estas tierras sureñas, que circundan el Lago Llanquihue, a la largo de su obra “Ully”, al mismo tiempo que relata el amor imposible de Labarga por la niña de ascendencia alemana; y, de alguna manera, parece hacernos recordar el cariño de que hacía gala el célebre poeta William Wordsworth (1770-1850) por su terruño.       

    

    

                            

 

Comparte en tus redes sociales

Noticias Relacionadas