"Un elogio a Puerto Varas" Por Rafael Piquer A. Investigador en Historia de la Región de Los Lagos

“Para muchos, Puerto Varas es una meta, un deseo, una aspiración; es un nombre que suena como una marca de prestigio con muchos pergaminos, porque ese nombre está asociado a un territorio lacustre de una rara belleza, que espera la emotividad abierta y anhelante del poeta del artista.” R. A. Montandón, “En viaje”, n° 147, 1946.


La recordada revista “En viaje”, que editaba Ferrocarriles de Chile, durante gran parte del siglo pasado, en su número 147 de enero de 1946, a que alude nuestro epígrafe, trae un pequeño artículo de R. A. Montandón, intitulado “Elogio de Puerto Varas”. En él vemos cómo el citado autor, intenta darnos a conocer su visión del Puerto Varas de entonces, interesándose, sobre todo, por la naturaleza que encuentra en nuestra zona, así como por lo que ofrecía la ciudad en sí. Y, por ello, reproduciremos algunos trozos del mismo, pues – estamos seguros – que, cuando este texto apareció, nuestros abuelos se solazaron con él.  

Como muchos viajeros que publicaban sus impresiones acerca de Puerto Varas, R. A. Montandón parte con el Lago Llanquihue y los volcanes del caso, para señalar de entrada:

“… El Lago Llanquihue, pequeño mar aprisionado entre ondulantes colinas bajas.

 Al este y sureste, el hierático volcán Osorno y el deforme volcán Calbuco, desfigurado por las erupciones, dan relieve y animación a la perspectiva plana del lago y de sus riberas. Es el inevitable saludo volcánico que encontramos junto a todos los lagos en el sur de Chile; pero aquí, este telón de fondo de los volcanes es inolvidable: tiene majestad.”

A continuación, nuestro escritor repara en la estación de ferrocarriles puertovarina y, nos indica:

 “Su estación le da a Puerto Varas un cierto tono, entre niña mimada y señora de categoría, pero la bienvenida es correcta, y el turista que baja entre sacos y maletas de cuero de carpincho, se siente ‘a son aise’.”  

Sigue, dicho viajero, con su atención dirigida hacia el Gran Hotel de Turismo, para decirnos:

 “El segundo saludo que nos da Puerto Varas es su Gran Hotel. Es un saludo pomposo, lleno de dignidad, un poco altivo y, a ciencia cierta, no se sabe si es el viajero que hace la venia al hotel, o el hotel al viajero. Lo cierto es que el Gran Hotel es un digno exponente de una capacidad constructiva que a veces detiene sus impulsos… pero en fin cuentas, Puerto Varas tiene su Gran Hotel.”

Luego, hace referencia a la ciudad y advierte respecto de lo peculiar de ella en 1946. Dice, esta vez:

 “Puerto Varas es coquetón, y hay que buscar esa coquetería en sus techos rojos, sus jardines frescos, de una frescura juvenil, y su aire de limpieza. No tiene tradiciones, pero tiene placidez, y esa placidez se infiltra en nuestro ser, junto con ese aire liviano y esa diafanidad azul que nos trae el lago. En otras latitudes, esa serenidad que nos envuelve frente a esa bella ordenación del paisaje, se volvería somnolencia. Hablo de Puerto Varas en primavera; todo es verde y fresco, y a ratos llueve; después sale el sol, por detrás de nubes redondeadas y blancas como algodón o como la falda de los volcanes; entonces el azul del cielo es más intenso, y los colores danzan alrededor de Puerto Varas. Nunca he conocido su agitación en verano, pero esa quietud que sube del lago y se extiende sobre el pueblo de techos rojos, debe absorberla, y Puerto Varas debe seguir comunicando esa beatitud un poco un poco dulzona, porque todo se funde en una grata y tranquila armonía.”

Y, terminamos transcribiendo lo que percibe del habitante puertovarino, debido a que consideramos interesantes esas líneas:

“El ritmo de vida es apacible. Una raza lenta, tenaz y hacendosa ha colonizado esas tierras y ha traído, junto con su capacidad de trabajo, sus ansias de una vida mejor, sus herramientas y esas largas carretas de cuatro ruedas, que traen madera, papas, trigo y panzudas barricas de chicha de manzana.”  

Sin duda, “Elogio de Puerto Varas” de R. A. Montandón recuerda mucho la fascinación que ejercía en nosotros la naturaleza, el paisaje y una ciudad, en una época pasada, cuando no teníamos tantos distractores, y viajábamos a un lugar para conocer y departir con nuevos amigos, y podíamos repetir con Goethe (“Viaje por Italia”, Iberia, 1953):

“¡Cuánto desearía tener por un instante a mis amigos junto a mí para que pudieran deleitarse compartiendo la vista que tengo ante mis ojos!

Hubiera podido llegar esta tarde a Verona. Pero una magnífica obra de la Naturaleza, un espectáculo delicadísimo, el lago Garda, se me presentaba a mano. No quise despreciarlo y a fe que ha sido bien recompensado el rodeo que realicé.”  

R.A. Montandón, a su vez, dice, al concluir:

“Una naturaleza fascinante, gira vertiginosamente alrededor de Puerto Varas, centro geográfico de una bella geografía.”

 

  

  

     

  

Comparte en tus redes sociales

Noticias Relacionadas