[OPINIÓN] Filantropía municipal

Por: Pablo Hübner


¿Está bien que el alcalde pague con su propio bolsillo sus viajes de representación del municipio a encuentros internacionales? ¿Qué pasa cuando una autoridad introduce recursos personales en una función institucional? La pregunta es compleja. Obliga a pensar en por qué lo paga. ¿Es una donación? ¿Una retribución? ¿Una señal de austeridad? ¿Una decisión personal?

En el mundo privado rara vez alguien decide pagar viajes que corresponden a gestiones de la oficina. Pero, en este caso viene pasando desde el período anterior. La suma de los costos de todos los viajes es millonaria. Una donación que puede aumentar en la medida que se fortalezcan las relaciones con organizaciones de Chile y el mundo.

¿Es una opción personal el financiamiento de un viaje laboral de representación comunal? ¿El ministro de Relaciones Exteriores de Chile debería pagar con su bolsillo los viajes de representación nacional? ¿Depende? ¿No es lo mismo?

Si el punto es que con el sueldo mensual es más que suficiente, se podría pensar en que podría ganar menos, donar una parte, o buscar otro mecanismo para atender esta vocación filantrópica y su compatibilidad con el cargo. Si bien la evaluación de un sueldo depende de las necesidades de quien lo recibe, el caso obliga a considerar la situación del resto del equipo de trabajo, especialmente de su equipo de confianza. ¿Ellos también deberían pagar los costos asociados a viajes? ¿Depende del sueldo? ¿De quienes sí lo donan?

Las intenciones detrás de tener este gesto de solidaridad pueden ser bien interpretadas, pero sus efectos, no merecen descuido. Quien representa al municipio no debería ser también financista del municipio. La voluntad individual de la máxima autoridad comunal no es un mecanismo de financiamiento para gestiones de representación a nivel nacional o internacional. Tampoco corresponde que se haga gloria del gasto ahorrado cada vez que hay un viaje, entre otros motivos, porque se presenta en el concejo como una ventaja para obtener la aprobación por parte de los concejales. El rol del cargo no es un tema personal que se soluciona con recursos personales. No se puede privatizar de manera parcial la función pública. El afán simbólico individual, por bien intencionado que sea, es ajeno a la sobriedad de representación institucional, más aún cuando pagar el viático pasa a ser un mecanismo para aprobar el viaje.


Por su parte, la donación personal nubla los costos totales de la gestión municipal, desfigurando los montos asociados a este esfuerzo. Se está invirtiendo en este viaje, incluso si los gastos de viáticos no se pagan con presupuesto municipal. Tanto es así que mientras el alcalde esté allá, no estará acá. Sus horas están volcadas a una función municipal, es trabajo. Esas horas también se pagan, tal como corresponde. Decir que el viaje no tiene costos para el municipio no es cierto, pero sí es efectivo.

La gestión pública desde la donación privada es particularmente compleja cuando quien dona es quien recibe. Este es un viaje en que se representa al municipio a nivel internacional, en el caso de prosperar, tendrá una continuidad que no puede quedar subordinada sólo a un gobierno municipal. Lo apropiado sería tener una visión comunal más allá de la administración puntual, en el marco de una gestión regulada según la asignación de financiamiento que le corresponde. El municipio es más importante que el gobierno municipal de turno. El rigor institucional se basa en respetar los debidos mecanismos de financiamiento para la mejor transparencia de su cometido y su respectiva continuidad.

Durante la última sesión del concejo municipal se aprobó el viaje luego de una discusión amarga, dispersa y variada sobre la matriz energética en Chile, el rol de Venezuela, el impacto de las relaciones internacionales, el intervencionismo, la colaboración como pérdida de autonomía, los plazos para los temas en tabla. Nadie mencionó como un problema que el alcalde pague de manera particular los viajes de representación municipal, tal como ha sucedido desde el concejo municipal correspondiente al periodo anterior. La fiscalización debería mirar con más atención lo cercano que lo lejano. El asistencialismo filantrópico se hace costumbre también cuando se naturaliza.

 

 

 

 

 

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