La Región de Los Lagos está cultivando una nueva educación

Por Marcial Huneeus

Director ejecutivo de Fundación Patio Vivo


Hace algunos días, durante la inauguración de uno de los nuevos Patio Vivo Cultivable en la Región de Los Lagos, ocurrió algo que resume mejor que cualquier indicador el cambio que estamos viviendo. Javiera Villar, estudiante de 4to medio del Liceo Pedro guirre Cerda, contó que con los talleres ha cambiado la dinámica de su curso: “Hemos aprendido comunicarnos más, organizarnos y apoyarnos en las actividades”, comentó en su discurso.

Son esos pequeños momentos los que permiten comprender que transformar la educación no siempre comienza con una gran reforma. A veces comienza cuando una comunidad descubre una nueva forma de aprender.

Durante mucho tiempo entendimos la innovación educativa como algo ligado exclusivamente a la tecnología o a nuevas metodologías dentro de la sala de clases. Sin embargo, hoy vemos que también puede surgir cuando el aprendizaje se conecta con la experiencia, con el entorno y con los desafíos reales que enfrentan las comunidades. Cuando el conocimiento deja de ser solo contenido para convertirse en una vivencia.

Eso es lo que hoy está ocurriendo en la Región de Los Lagos. Con la reciente inauguración de tres nuevos Patio Vivo Cultivable en los liceos Pedro Aguirre Cerda de Puerto Varas, Punta de Rieles de Los Muermos y Benjamín Muñoz Gamero de Puerto Octay, ya son nueve los establecimientos técnico-profesionales en la región que están incorporando una forma distinta de enseñar y aprender.

No se trata únicamente de construir un huerto o habilitar un nuevo espacio. Se trata de transformar el patio en un laboratorio vivo donde estudiantes y docentes aprenden haciendo. Un lugar donde las clases de gastronomía parten con la cosecha de los alimentos, donde ciencias, matemáticas o lenguaje encuentran aplicaciones concretas, donde el trabajo colaborativo deja de ser un concepto para convertirse en una práctica cotidiana y donde la sustentabilidad se experimenta con las manos en la tierra.

Esta transformación responde también a una necesidad que hoy atraviesa a la educación. Los estudiantes necesitan encontrar sentido en lo que aprenden. Necesitan experimentar que aquello que ocurre en el liceo tiene relación con su vida, con su comunidad y con el mundo que les tocará construir. Cuando el aprendizaje es significativo, aumenta el compromiso, la participación y el bienestar escolar.

La evidencia comienza a respaldar este camino. En Patio Vivo hemos observado que estos espacios favorecen el aprendizaje activo, fortalecen la convivencia, promueven hábitos sustentables y generan un mayor vínculo con la naturaleza. Es por eso que nuestra metodología fue reconocida por HundrED entre las cien innovaciones educativas más importantes del mundo y entre las quince que mejor promueven el bienestar en la escuela.

Pero quizás el dato más relevante no está en los reconocimientos ni en las cifras. Está en las comunidades educativas que se atreven a hacer las cosas de otra manera. En docentes que salen de la sala de clases para enseñar desde la experiencia. En estudiantes que descubren que aprender también puede ser sembrar, cocinar, observar, experimentar y compartir. En liceos que abren sus puertas para construir comunidad desde el conocimiento.

Los Lagos tiene hoy la oportunidad de consolidarse como una región que impulsa una educación más pertinente, conectada con su identidad y preparada para enfrentar los desafíos del futuro. Para lograrlo, es fundamental el compromiso de todos los actores del territorio —empresas, organizaciones de la sociedad civil e instituciones públicas y privadas—, quienes, a través de alianzas estratégicas, pueden contribuir a fortalecer, sostener y proyectar este modelo en el tiempo. Porque cuando el aprendizaje vuelve a despertar la motivación y genera conexiones significativas, toda la comunidad crece y se beneficia.

 

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