Las mascotas y los seres humanos: una relación simbiótica
Dr. Franco Lotito Catino
Conferencista, escritor e investigador (PUC)
“La grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por la manera en que tratan a sus animales” (Mahatma Gandhi).
Cada 21 de julio se celebra el Día Mundial del Perro, el animal considerado como “el mejor amigo del hombre”, y esta fecha ha sido escogida a nivel global por los amantes de los animales, por asociaciones protectoras y medios de comunicación como una instancia y un momento especial para rendir un homenaje a estos fieles compañeros.
Ahora bien, la intención del Día Mundial del Perro, no es únicamente rendir un homenaje a los perros –muchos de los cuales, han dado su vida por salvar la vida de sus amos–, sino que, además, con la finalidad de crear conciencia en la sociedad, acerca de la gran cantidad de animales que son abandonados a su suerte, que son ferozmente maltratados, o que están a la espera de que alguna familia los acoja en su hogar como un integrante más de esta misma familia.
De aquí surge, entonces, la importancia de la tenencia responsable de animales y el enorme caudal de afecto, cariño y amor que podemos recibir de vuelta de parte de aquellas mascotas que tenemos en nuestros hogares. Es por esto, que hablo de la existencia de una “relación simbiótica” entre un ser humano y un animal, es decir, una relación de ayuda o asociación íntima entre dos “organismos de especies diferentes” con el fin de beneficiarse mutuamente en su desarrollo vital.
Hay mucha gente que desconoce que cuando una persona mira a su perro o a su gato con una actitud protectora, de cariño y de afecto, los niveles de oxitocina se elevan de manera notable al interior del cuerpo humano. La oxitocina es, por excelencia, la hormona del cariño, del amor, de la fidelidad, de la compasión y la confianza.
Se sobreentiende entonces, que el vínculo que se crea entre una mascota y un ser humano es bastante similar al que experimenta una madre o un padre en relación con sus hijos. Se puede hablar –con propiedad– que es una conexión evolutiva que se ha producido en función de tantos años de convivencia cercana entre los humanos y los animales, sea que se trate de perros, gatos, caballos u otros animales.
En algunos casos, este lazo entre un ser humano y una mascota puede ser incluso más fuerte y poderoso que el que desarrollamos con otras personas. Basta con solo observar aquello que sucede cuando alguien que conocemos pierde a su mascota querida: vive un proceso de duelo y de pérdida que es casi calcado al que se experimenta cuando se pierde a un ser querido o familiar cercano, con toda la sintomatología concurrente: profunda pena, angustia, tristeza, dolor, llanto.
Algunas personas corren el riesgo de entrar, incluso, en una depresión que debe ser tratada con toda la seriedad que el caso amerita. Burlarse de estas personas dolientes por la pérdida de su mascota –o minimizar su pérdida– puede representar una verdadera ofensa para la persona doliente. No hay que hacer eso. Usted nunca se burle de estas personas. Por el contrario, ofrezca todo su apoyo y simpatía a quien ha perdido a su mascota favorita. La persona se lo agradecerá.
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