Libros de la Vida: “Hamnet” de Maggie O¨Farrell

Por Juan Carlos Gallardo


Envolvente, genial y con toques de magia. Inolvidable. Conmovedora porque llega al alma. Muchos calificativos para derramarlos en una reseña son los que se me vienen a la mente para decir algo de este Hamnet que me ha tenido con esta conexión profunda, como si el libro hubiera sido escrito especialmente para mí. Pero sé que esto le debe pasar a muchos lectores que han recorrido estas páginas.

Escenas tan vívidas, tan reales, tan vitales que no dejo más que asombrarme por el resultado que logra esta escritora. Estuve a fines de los años 1500 en una aldea y en una campiña inglesa. Estuve en medio de un bosque sintiendo impotencia porque había una mujer alumbrando sola, pariendo con desesperación, al límite de las fuerzas humanas. No sé cómo lo hiciste O´Farrell, pero me conecté hasta un nivel que pocas veces se logra leyendo, incluso para quienes somos apasionados de las buenas lecturas.

Shakespeare, el grande que desde hace mucho está en la inmortalidad, no es aquí el centro de la trama. Porque el centro es su familia, su mujer, sobre todo, su pequeño hijo Hamnet y sus otras hijas. Es la familia y todo lo que puede ocurrir dentro de ella con su cotidianeidad, sus grandezas y sus defectos y ¡Cómo lo pinta la autora!

Un magnífico despliegue para mostrar con empatía extraordinaria sentimientos, emociones, pasiones y esos momentos de desgracia que van marcando la vida de todos para siempre.

Y con un extraordinario trabajo de documentación, para trasladarnos a esa época, al campo con sus trabajos, a las plantas y la botánica, a la villa de Stratford con sus oficios, a Londres con sus turbulencias. 

Y aunque Shakespeare es aquí casi secundario, este libro me motivó a ir sobre su vida, sobre lo poco que se conoce de él. Hay quienes dicen que Shakespeare no pudo escribir esas comedias y tragedias que han pasado a la inmortalidad, porque era un campesino. ¡Imposible!, han dicho, que alguien que no estuviera en círculos refinados, rodeado de nobleza pueda imaginar estas historias eruditas y sensibles, mostrar en sus escritos esos conocimientos. Señores, ¡El talento se distribuye por todas partes, incluido el campo y los pueblos chicos! Basta tener acceso a libros, hambre de conocimiento, la mente abierta, el espíritu templado y la fuerza para intentarlo, a veces desde las propias carencias y desgracias. Shakespeare fue un ejemplo de aquello.

¡Ah! Pero hay algo fundamental para que el talento dé fruto: alguien tiene que apoyar y dar sustento. Alguien debe empujar con el corazón y hacer que la vida a pesar de todo siga, y el genio pueda desplegarse. Shakespeare lo tuvo. Una mujer. Increíble. Diferente. Dotada de ciertos dones especiales. Y esta es su historia. Porque esencialmente es la historia de Agnes. Y tal vez así fue como ocurrió.

 

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