[OPINIÓN] Educación preescolar en zonas rurales: Un “gol de oro” para la primera infancia. Por Anne Traub, Directora de Fundación Niños Primero
Ninguno de los niños de entre 2 y 4 años que vive en la isla de Llingüa, a 116 kilómetros de Puerto Montt, asiste al jardín infantil. Hacerlo requeriría tomar una lancha con destino a Achao, cuyo viaje demora 3 horas, y que durante el invierno pasa solo una vez por semana. Este caso no es único.
En Chile, hay cerca de 4,2 millones de menores de edad y de ellos un número no menor habita en zonas rurales (12,6%), según el Censo 2017. Lo hacen en contextos mucho más precarios que el resto del país: más de un tercio enfrenta en una situación de pobreza multidimensional – con índices deficientes en salud, educación y seguridad social, entre otros-; y el 24,2% de ellos vive en una situación de pobreza por ingresos, según la Encuesta Casen 2017.
Y si bien la duración de los cierres de escuelas y jardines por la pandemia es una situación inédita que genera pérdidas cuantificables por el aprendizaje que los niños no están teniendo, la situación en los niños de zonas rurales, sobre todo de aquellos que están en primera infancia, resulta aún más preocupante. Se trata de un tema “estructural” que necesita soluciones de fondo más allá de la pandemia.
Durante la primera infancia el cerebro está en su periodo de máximo desarrollo y, por lo tanto, la educación temprana y el reforzamiento de los lazos afectivos son esenciales. Si a eso sumanos que los programas de intervención domiciliaria tienen evidencia de sus positivos resultados -mejoran la salud física y mental de las madres y el desarrollo del lenguaje de los niños que los reciben-, según un estudio desarrollado por psicólogas de la Universidad Católica, es claro que debemos avanzar y responder con acciones a la pregunta de cómo llegar y entrar a las familias de niños rurales, para comenzar a transformar la “cuna” de la desigualdad social.
Como Fundación Niños Primero tenemos un modelo probado de educación inicial que estamos aplicando en zonas rurales como Isla Tenglo, Llingua, Alao y Llanada Grande; también en Colonia Río Sur, San Juan de la Costa, y en sectores rurales, tanto en Galvarino, Fresia, Puerto Aysén y Calbuco. En todas estas localidades estamos entregando educación temprana vía virtual, presencial y telefónica, además de material educativo y sesiones dos veces a la semana con monitoras especializadas, que ponemos a disposición para de este modo ayudar a transformar Chile desde sus bases. Pero no es suficiente.
Como primer paso hacemos un llamado al Gobierno. Además, es necesaria la voluntad política y presupuestaria. Hoy no existen limitaciones para que los niños preescolares rurales de Chile tengan la oportunidad de tener educación. La tecnología nos abrió la puerta y debemos llegar a ellos.
El Gobierno tiene la oportunidad de anotar un “gol de oro”, de dejar un legado significativo si se la juega para llevar educación preescolar a lo niños que previo a la pandemia no tenían esta alternativa por su condición rural.
Anne Traub
Directora de Fundación Niños Primero
Comparte en tus redes sociales