Cuando el ambiente social presenta inestabilidad, tensión o inseguridad, como adultos nos llenamos de angustia y estrés, los (las) niños(as) ven su rutina diaria interrumpida, absorbiendo lo que está a su alrededor e indudablemente les afecta. En estos casos estar atentos y reconocer sus signos de estrés y los nuestros propios nos permitirán ayudarles a confrontar sus miedos, teniendo en consideración las siguientes tres variables. Primero debemos tener claro que los adultos cercanos influimos en su comportamiento, pues somos sus modelos mediante nuestro lenguaje verbal y no-verbal, la violencia social nos afecta inevitablemente y nuestros(as) hijos(as) que nos conocen, logran intuir que algo anda mal, siendo importante, por tanto, procurar mantener la calma y evitar que la angustia ambiental que se toma las calles se cuele a nuestros hogares, ya sea por el exceso de exposición de violencia presentado en la televisión como en las redes sociales. Igualmente es importante considerar que cada niño(a) expresa sus sentimientos de formas diferentes y estas circunstancias les hacen sentirse confundidos e inseguros de sus propias reacciones según la cercanía que han tenido con alguna situación de estrés ambiental; otra variable a considerar es la edad del (la) niño(a), por ejemplo un niño de siete años puede reaccionar con temor evitando ir a la escuela, mientras un adolescente podría mostrarse retraído evitando hablar del tema directamente. En definitiva, estar atentos a las características y reacciones que tienen nuestros hijos e hijas ante situaciones estresantes del ambiente nos permitirá apoyarles y entregarles la seguridad emocional que necesitan para recuperar la sensación de control, estabilidad y seguridad que necesitan.
Daniella Villanueva Vega
Directora de diplomado en Psicología Educacional
Universidad Santo Tomás - Sede Arica