• 07 de Noviembre

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Cuando cualquiera de nosotros, los puertovarinos, se pasea tranquilamente por la Plaza de Armas de nuestra hermosa ciudad, tiene la posibilidad – si repara en él – de observar el monumento que, el Rotary Club donó a la ciudad en 1958, con motivo de su presunto centenario. Lo anterior, debido a que dicho monumento lo encontramos emplazado en medio de ese paseo público, circunstancia que, además, hace inevitable no detenerse a leer lo que tiene escrito, a saber, “Rotary Club a Puerto Varas en su primer centenario 1858-1958”. Y, si bien, hemos mirado muchas veces esa inscripción, no por ello dejamos de sentir desconcierto con la fecha que ven nuestros ojos, y nos pasamos a preguntar cada vez, de inmediato: ¿qué información tuvieron presente los rotarios y quienes recibieron el monumento citado, para aceptar que, en 1958, Puerto Varas cumplía un siglo? O, también, y sin ánimo de ofender, cabría interrogar ¿hay algún documento que nos pruebe el hecho, a ciencia cierta, de que la ciudad de Puerto Varas inició su vida en 1858? ¿Qué se responde, entonces?

Parece ser que no se tuvo presente información alguna o documento histórico que se pudiera aceptar cómo válido, ya que, de haberse preguntado a un historiador local o, al menos, a un investigador en Historia de Puerto Varas, lo primero que debiera de haber citado es el documento histórico que registra don Emilio Held, en su obra “Colonización alemana al sur de Chile. Documentación de su origen” (Talleres de “Alba producciones”, Valparaíso, 1996), con el número 197, al cual, ese historiador le pone el nombre de “Vicente Pérez Rosales a Santiago Foltz dándole instrucciones sobre la atención a las necesidades y el planteo de los colonos destinados a Llanquihue”. ¿Por qué, precisamente este documento histórico? Sencillamente, en razón de que es un oficio reproducido por don Emilio, de los que se hallan en el Archivo Nacional Histórico (Santiago de Chile) y porque fue emitido en Valdivia, el 15 de noviembre de 1852, momento en que ya habían llegado los primeros colonos alemanes. En él, podemos leer, respecto de lo que tratamos de exponer:

“Como auxiliar en la oficina del agente, ya el señor Foltz está al cabo de todos los medios ordinarios que la agencia ha tomado hasta ahora para el socorro del emigrado y el fomento de la colonización en general; sobre todo esto nada tengo que indicarle. Mas como pudiera suceder, que se le suscitasen en su nuevo encargo algunas dificultades, observará en general para vencerlas, los puntos siguientes:

… Del mismo modo, reconocerá y hará reconocer la balandra construida en Llanquihue, conforme a la contrata que se acompaña y hallándose conforme, tomará posesión de ella y la pagará.

… Si el camino está en estado de correr carretas, dispondrá al momento que se trabajen dos de ruedas de una pieza, o bien que se hagan de las rastras que se usan en Valdivia, o tomará alguna providencia, para hacer llegar pronto al emigrado a la laguna, desde donde debe embarcarlo en la balandra y dirigirlo a su destino.

… Dejará V. al emigrado la libertad de elegir el norte o el sur para cimentarse. A los que se deciden por el norte, les hará aposentar desde el punto de Muñoz Gamero [Puerto Octay] para el sur, siguiendo el litoral de la laguna al occidente. A los que prefieran el sur, principiarán el repartimiento desde el Puerto Varas para el río Maullín, siguiendo el litoral de la laguna. Es conveniente, por ahora, que no queden muy aislados.

… La balandra cuando ya haya puesto a cada emigrado en su destino, le hará V. hacer viajes periódicos a los puertos del norte. Ella llevará y traerá por ahora, sin costo alguno, a cuantos quieran ir y venir de Gamero a [Puerto] Varas. Sólo deberá el pasajero llevar su manutención. Vicente Pérez Rosales.”

Es decir, Puerto Varas como lugar ya está creado, por Vicente Pérez Rosales, en cuanto un puerto del Lago Llanquihue en 1852, si bien, probablemente no pasaba de ser eso, y el agente colonizador buscaba que comenzara a crecer y constituirse en pueblo, primero, y, luego, en ciudad, con aquellos “emigrados” que tendrían “la libertad de elegir el norte o el sur para cimentarse” y, con los que, quisieran “ir y venir de Gamero a [Puerto] Varas”. Mas, lo extraño es que los “Recuerdos del Pasado” de don Vicente, no tienen línea alguna acerca de Puerto Varas y, con ello tendríamos otro de los “enigmas”, que Gabriel Guarda (O.S.B.) adjudica al agente colonizador, en su obra “Nueva historia de Valdivia” (ediciones Universidad Católica, Santiago de Chile, 2001).

Un segundo documento histórico, que, de manera indirecta, sirve para sustentar al citado antes, es el oficio 56, enviado desde Santiago de Chile, firmado por don Manuel Montt y don Antonio Varas, de fecha abril 25 de 1853. En él se dice, resumidamente:

“Visto lo expuesto por el agente de la colonización don Vicente Pérez Rosales, …:

La Tesorería de Chiloé abonará a don Santiago Foltz, como comisionado por el expresado agente para hacer sus veces en el Puerto Montt, el sueldo mensual de tres onzas de oro sellado. Se le entregará asimismo el sueldo mensual de los empleados en la balandra del Estado en la laguna de Llanquihue, en razón de cuarenta pesos por cuatro marineros, y de veinte por el piloto. Impútese este gasto … Montt – Varas.”

Vale decir, queda claro la existencia de la balandra en el Lago Llanquihue, que debía ser usada en el traslado de los “emigrados”, cuando vinieran a “cimentarse” en los terrenos alrededor de ese lago y, el asunto casi evidente de que Pérez Rosales al permanecer muy poco tiempo en las zonas a colonizar, no tiene argumento para hacer que reconozcan como suya el establecimiento de otra ciudad o pueblo, que no sea Puerto Montt: a Puerto Varas le dará el nombre y, determinará su ubicación, pero no tendremos conocimiento de un acto de fundación, cosa que no debiera extrañarnos si es don Santiago Foltz el que estará directamente con los recién llegados, para que se instalen.