Una casona de comienzos del siglo XX recuperada y rodeada de espacios abiertos y otros más reservados, huertas, invernaderos y flores frente al Lago Llanquihue recoge una historia familiar ligada al rescate de los oficios, el trabajo con la madera, las semillas y con los cultivos.
“Mantoverde Frutillar es un espacio que hemos creado en conjunto con mi marido, Brian Budgeon, buscando generar un espacio que invite a disfrutar y conectar con la naturaleza, a través de talleres, arriendo para seminarios y residencias y venta de productos. La mayoría de los talleres está orientado a experimentar con la naturaleza, aquí hemos hecho talleres de huerta, apicultura, hongos, flores”, cuenta Paula López.
Esta iniciativa familiar también ofrece productos que faciliten este proceso; semillas, frutas, hortalizas orgánicas, implementos para trabajar huerta y jardinería hechos a mano. “Nosotros aquí producimos semillas y son como un pequeño laboratorio familiar porque participan nuestros hijos, hasta el más pequeño, de 5 años. Así como tenemos las semillas, tenemos productos como porta herramientas, u otras cosas que hemos hecho de manera local y líneas que se han ido desarrollando con el trabajo con migrantes que han llegado a esta zona, por ejemplo”.
Un espacio recuperado, donde Brian, constructor y carpintero, se abocó a restaurar la casa para poder trabajar y habitar en ella. “Hemos ido recuperando las maderas, algunas plantas, el cedrón, los rosales, entre muchas otras de campo, como el mastuerzo, la malva, las dalias”, comenta Paula. Fuera de la casa hay incluso dos paltos abrazados que crecieron de dos cuescos que fueron sembrados juntos.
Durante junio, se llevarán a cabo talleres de yoga enfocados a posturas y filosofía y otro de tintes naturales con tintes de plantas y cochinilla. Además, acogerá la residencia textil y cestería de Factoría de Oficios. Para información de talleres y espacios, el contacto es a través del Instagram @mantoverdefrutillar