• 07 de Noviembre

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Buscando un paraje lejano, aislado donde darle vida a la historia que se estaba formando en su mente, es que Eloy Galán, Doctor en Derecho, catedrático universitario y escritor de diversas monografías y artículos jurídicos, supo del lejano sector de Peulla en la comuna de Puerto Varas, donde a través de videos y fotografías de vecinos de la zona a quienes contactó para obtener más información y la investigación de la cultura mapuche escribió la novela llamada “Un Puente a Peulla” (Ediciones en Huida, 2020).

“No conozco la zona -nos cuenta Eloy desde España.  Buscaba un lugar mágico, aislado y lo encontré. Es una lástima, porque lo que provoca la literatura es que te llegues a enamorar de lugares, de entornos, de la cultura y de la naturaleza de un lugar lejano pero hermoso. He visionado videos, cientos y cientos de fotos maravillosas de fotógrafos estupendos que hay en la zona. Contacté con gente que no conocía, como es el caso de un dentista de Puerto Montt y un gran aficionado a la fotografía: Jorge León Cabello, que amablemente me facilitó información sobre una geografía indescriptible como es vuestra región. Son innumerables las lecturas que hice sobre la cultura mapuche, que hicieron que me sintiera apasionado por su historia. Curiosamente, con cada persona que hablo de la novela, la primera pregunta es ¿dónde está Peulla? Y entonces es cuando les cuento las maravillas del lago Todos los Santos, de los volcanes, Puerto Varas, Puerto Montt... Y a cada uno de esos lectores les tengo que explicar la historia de los mapuches porque, tristemente la desconocen. Peulla y los mapuches, un lugar y un pueblo, que, desde mi modesta aportación, ya suenan en las mentes de lectores españoles”.

“Como podrá deducir por el título, la acción discurre en Chile. Bajo la apariencia de una relación amorosa se esconde una referencia sutil a la cultura mapuche, a toda una serie de principios que se incluyen en su cosmovisión y que no tienen caducidad: el amor a la familia, la libertad para amar; el amor por la naturaleza, el sufrimiento. Son estos mismos principios los que me han llevado a escribir una historia más allá de los límites y de la realidad que se vive en España, con el riesgo que se asume al tratarse de un tema desconocido”.

LA OBRA

Un puente a Peulla, bajo la apariencia de una historia de amor, contiene un trasfondo de emociones: el discurrir de dos hombres y una mujer sometidos al paisaje y al entorno del lago Todos los Santos, aislados por una naturaleza que cobija la opresión del poder desmedido; que albergan la esperanza de que la diversidad religiosa o cultural no sea un obstáculo para alcanzar la convivencia a la que la tierra obliga. Luchan contra las miserias actuales: el odio, la pérdida de la identidad familiar; contra el desprecio que muestra la sociedad por una naturaleza a la que solo se atiende cuando erupciona, tiembla o inunda; y esa naturaleza obliga a que aflore la solidaridad que no existe en el trascurrir de la vida. Un puente a Peulla contiene una amalgama de sentimientos que los personajes emplean para luchar contra el fanatismo; y tratan de imponer el diálogo y el entendimiento como medio para evitar imposiciones, como instrumento para lograr la conjunción entre culturas, sin discriminaciones; para amar en libertad.

(Ediciones en Huida, 2020) ISBN: 978-84-18305-28-3; 158 págs.

SINOPSIS

Te miré, me miraste, nos miramos: lelieyu, lelien, leliwiyu; la conjugación en lengua mapuche de una relación fugaz entre Beltrán y Aylin. Un amor silenciado tras una desaparición inesperada en Peulla, un poblado chileno aislado por las aguas del lago Todos los Santos. Forzado por sus fracasos en la búsqueda de Aylin, Beltrán recaba la ayuda de un viejo amigo, un arquitecto español con el que compartió unas obras en Buenos Aires, años atrás; que diseña y ejecuta un proyecto irracional, en el que emplea caricias y palabras que acaban convirtiéndose en un abecedario que sólo él sabe interpretar, en un celestinaje viajero. Sin poder evitarlo, la naturaleza divinizada de Peulla provoca un intercambio de sentimientos que condiciona su sexualidad.
Un amor que serpentea entre cerros y volcanes: un paisaje que alberga el pasado turbio de Pedro Barrientos, padre de Aylin, un misógino torturado por el abandono de su mujer, por la vergüenza del pecado cometido por un ancestro jesuita. Los efluvios del lago Todos los Santos tejen un nuevo epeo: relato oral de los mapuches en el que se narran amores espectrales, tragedias y finales lúgubres; los que el arquitecto desea evitar.