• 07 de Noviembre

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Muy afortunados hemos sido en la ciudad de las rosas de que los deslizamientos de tierra que cada año se producen en la costanera no hayan provocado un accidente que lamentar. ¿Cuánto tiempo más confiaremos en nuestra suerte antes de que las autoridades competentes tomen medidas para que esta situación no se produzca otra vez?.

En la última remoción de tierra que se produjo el pasado jueves 11 de junio, a eso de las 6 de la mañana, el personal del taller municipal, con máquinas propias, retiró más de 8 camionadas de vegetación y barro, y el Encargado de Emergencia municipal mantuvo cerrada la vía durante esa jornada por precaución y pidió un informe a Sernageomin respecto del estado del terreno, el que fue entregado a última hora del jueves y al cual no hemos podido tener acceso.

Sin embargo, desde el mismo Sernageomin nos enviaron un informe que fue pedido tras uno de estos derrumbes en el año 2013 por la administración del ex alcalde Berger, documento donde se hicieron varias recomendaciones, ninguna de las cuales fue puesta en práctica.

El informe técnico, preparado por los geólogos Patricio Derch y David Quiroz en el 2013, señalaba respecto de la ocurrencia del derrumbe del 8 de mayo del 2013 (y que a nuestro juicio es totalmente extrapolable a lo sucedido en la jornada del 11 de junio del 2020): “El deslizamiento se localizó en un sector en donde existen registros anteriores de ocurrencia de fenómenos similares, los cuales se asocian, directamente, con un escarpe mayor de una extensión aproximada de 50 m. En efecto, a unos 20 m del evento ocurrido el día 08.05.2013 se ubica otro escarpe de deslizamiento, con características similares, cuyo depósito también afectó la costanera hace no más de 5 años en condiciones de precipitaciones similares. En la figura 4, se representa el deslizamiento ocurrido recientemente así como el ocurrido hace unos años atrás. Se destaca en color rojo los escarpes de deslizamientos y la morfología del depósito del evento ocurrido el 08.05.2013”.

Recomendaciones

Así mismo, en este informe del 2013, los expertos recomendaron una serie de medidas, las cuales, urge sean tomadas en cuenta, a saber:

  • Las características internas de los depósitos (depósitos sedimentarios semi a no consolidados), la existencia de grietas en la parte superior del escarpe, la abrupta pendiente y la inestabilidad del terreno post-deslizamiento, indican que resulta altamente probable que en períodos de intensas precipitaciones ocurran fenómenos similares, en el sector estudiado o en sus inmediaciones. Si bien los volúmenes de materiales involucrados serán similares a los eventos ocurridos recientemente, el desplazamiento de los mismos hacia la costanera podría volver a obstruir la ruta y afectar a vehículos o peatones con el consiguiente riesgo que ello involucra.
  • Evitar realizar movimientos de terreno en la parte alta del talud.
  • Implementar un sistema simple de drenaje que permita colectar y evacuar el agua de escorrentía de la parte superior de la terraza, con el objeto de minimizar la infiltración hacia el escarpe.
  • Evitar intervenir la ladera, con la sola excepción de forestar, donde sea posible, con especies de tamaño menor.
  • Cualquier implementación de obras de mitigación se deben respaldar con estudios geotécnicos adecuados y considerar variables económicas, lo cual escapa al objetivo de este informe técnico.

Sin embargo, en general, las medidas de mitigación, contención y/o estabilización de laderas incluyen diversos métodos como son: modificación geométrica del talud (disminución de la inclinación del talud, eliminación del peso de la cabecera del talud, aumento del peso en el pié del talud y escalonamiento del talud); medidas de drenaje (zanjas, canales y pozos); elementos estructurales resistentes (pilotes y anclajes); muros y elementos de contención (gaviones y muros pantalla); y medidas de protección superficial (mallas metálicas y hormigón proyectado).

Por otra parte, las probables obras, deben contemplar, además, que este sector corresponde a un sitio de patrimonio geológico (depósitos glacilacustres de tipo ‘varvas’) (Sernageomin, 1998; Antinao et al., 2000).