Hay una frase –con un tinte claramente irónico– que señala que “el alcohol es un disolvente muy efectivo: disuelve parejas, familias, amistades, trabajos, cuentas bancarias, hígados y neuronas… pero nunca disuelve los problemas”.
Ahora bien, cada cierto tiempo, el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA) da a conocer algunas estadísticas acerca del alza muy peligrosa en el consumo de drogas y alcohol por parte de nuestros jóvenes y que incluye a menores de corta edad.
Son estadísticas que deberían preocupar a todos: padres y apoderados, profesores, instituciones educacionales, autoridades de gobierno y expertos en el tema, ya que ante nosotros tenemos un problema de alta complejidad, uno que a causa de los elevados índices de narcotráfico, criminalidad y violencia que vive el país, se ha salido fuera de control, condición que puede tener consecuencias desastrosas para nuestra nación, así como para la salud física y mental de cientos de miles de menores.
Si bien, la ingesta precoz de alcohol en menores de edad representa un tema de gran notoriedad pública y que mantiene a las autoridades en estado de alerta, lo cierto es que estamos ante un descontrolado aumento en el consumo de marihuana, pasta base, cocaína, crack, éxtasis y tranquilizantes por parte de los escolares.
Para decir las cosas como son y por su nombre, de acuerdo con la información entregada por SENDA en la Estrategia Nacional de Drogas 2021-2030, en la actualidad, las y los jóvenes de nuestro país viven una realidad que sólo puede ser calificada de “alarmante” ya que ocupan “el primer lugar entre todos los países de Latinoamérica” en consumo de drogas.
Lo dramático del tema, es que son niños y jóvenes de entre 12 y 17 años, un tercio de los cuales confiesa haberse “borrado” completamente en alguna ocasión como consecuencia colateral del consumo de algunas de las drogas señaladas, condición que los expone a una serie de situaciones de alto riesgo: abuso, violaciones, reyertas, morir a causa de un accidente por estar bajo la influencia de alcohol y psicotrópicos.
Algo que todos los expertos en este tema saben –y que vienen alertando– desde hace tiempo, es que la ingesta alcohólica va casi siempre de la mano con el uso de todo tipo de drogas, así como con la práctica de sexo precoz, lo que, a su vez, se asocia con la posibilidad de que niñas que aun juegan con muñecas, queden embarazadas.
Diversos estudios internacionales han demostrado de manera concluyente, que el consumo de alcohol y tabaco a temprana edad constituye la antesala ideal para el futuro uso de drogas ilegales duras, tal como lo estamos viendo en nuestro país.
Lo peor: el consumo de alcohol y drogas en menores es nefasta, si se piensa que a esa edad aún no se ha completado la maduración de su cerebro.
Es preciso entonces, tomar conciencia que estas drogas provocan daños irreversibles en el organismo, lo que tiene como resultado un rendimiento académico muy inferior al de otro estudiante que no consume drogas, además de presentar conductas que son problemáticas: ausentismo escolar, riñas, rebeldía frente a padres y figuras de autoridad, comisión de delitos –hurtos, asaltos, encerronas, robos– con el fin de conseguir dinero para seguir consumiendo.