Opinión

El Desafío de Criar Hijos Felices en el Siglo XXI

El Heraldo Austral

Gonzalo De los Reyes Serrano

Magister en Educación; Coach en Parentalidad Positiva;

Director de la división Patagonia en la Fundación Innovación Educativa Chile

Creador de los Programas DHP (Desarrollo de habilidades parentales) y PARE (Aumento del rendimiento escolar), este último patrocinado por UNICEF y el Ministerio de Educación

Es una situación preocupante. A diario conozco casos de padres y madres que han sido sobrepasados por sus hijos(as). Han perdido la autoridad frente a ellos(as) y reconocen el hecho de que no los pueden controlar. Expresan frases como: “Está bien…haz lo que quieras, pero después no te quejes”, “Déjame tranquilo, por favor. Hazlo, pero bajo tu responsabilidad”.

Hace cuatro décadas atrás, finalizando el siglo XX, los padres no se expresaban así frente a sus hijos (as). Su autoridad era incuestionable. Ningún niño(a) se hubiese atrevido a desobedecerlos. Era un modelo basado en la disciplina y la autoridad irrestricta de los padres. Donde además, el castigo físico y psicológico constituían mecanismos normalizados y validados para “educar” al niño(a).

Pero, junto con el mundo, los niños cambiaron. El perfil del niño, cambió. La influencia en la vida cotidiana de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TICs), permitieron el desarrollo de habilidades personales en los niños(as), que rápidamente impactaron el relacionamiento con sus padres. Esta condición nueva, provoca que la mayoría de las estrategias, acciones y mecanismos que nuestros padres usaban para criarnos, hoy no sean tan eficaces o permitidos. Por lo tanto, cuando hoy aplicamos ese modelo de crianza sobre nuestros hijos(as), este no resulta del todo exitoso.

Dado el contexto anterior, los padres enfrentamos un gran desafío: desarrollar un modelo de crianza actualizado que sea efectivo. Considerando las habilidades de nuestros niños(as), cada padre y madre, debe generar estrategias y mecanismos propios, según las características de sus hijos(as). Para ello, debemos actualizar y potenciar nuestras habilidades parentales. O sea, desarrollarnos como padres y madres exitosos en la crianza, sin miedo al error. Esto es, sin duda, un proceso de crecimiento personal y al igual que la mayoría de los procesos de este tipo, va a requerir de mucho esfuerzo, sistematización, aprendizaje desde los errores y una fuerte dosis de perseverancia. Porque como dice el refrán: “la práctica hace al maestro”.

Es necesario aclarar, que no podemos renegar de todos los componentes del método de nuestros padres pues uno de esos, forma parte de la fórmula del éxito de la crianza actual. Me refiero a la disciplina. Hoy, debo relacionarme con mis hijos(as) poniendo en los platos de una balanza imaginaria, el amor y en el otro, la disciplina. A veces, haré que el plato del amor pese más que el otro. En otros casos o circunstancias, haré que el plato de la disciplina sea el más pesado. Si el plato de la disciplina siempre pesa más, mi hijo(a) se desarrollará muy reprimido y controlado, resultando con una baja autoestima. En el otro caso, cuando el plato del amor siempre es el más pesado, mi hijo(a) no conocerá normas y límites, creyendo que puede hacer todo lo que quiere. También su autoestima se afectará, criándose inseguro y con un sentimiento de desamparo frente a la falta de apoyo y guía de sus padres. Al buscar cada día el equilibrio en esta balanza, cuando me relaciono con mi hijo(a), potenciará la construcción de una personalidad fuerte y positiva en él, que más adelante lo ayudará en su búsqueda de la felicidad.