• 25 de Octubre

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Globos verdes en Puerto Varas

Por: Pablo Hübner

 


Temprano por la mañana. Herido en Puerto Varas. Arma de fuego. Próximo al acceso sur. Esta vez un Carabinero. Sí. Un Carabinero. Confirman muerte cerebral. Una semana después, confirman muerte. Suenan las voces que declaran que esto se veía venir, junto a quienes declaran que nunca antes había pasado esto en Puerto Varas.      

Corre la semana entre anuncios de investigación. Las autoridades recorren explicaciones en medios de comunicación a nivel local y nacional. También los anuncios en redes sociales. Las palabras se deslizan entre lo que están haciendo y lo que queda por hacer. Mucho contra mucho. Todo contra todo.

La prevención y la reacción ante el delito se dibujan como islas separadas sin un puente fuerte. Mientras, en todas partes se comenta que la gente sabe dónde pasan las cosas. Dónde se toma. Dónde se trafica. Dónde hay bandas. Y rivalidades. Y deudas pendientes. Y fuegos artificiales que iluminan de manera ilegal la noche. Autos que gastan sus neumáticos marcando su dominio. Se dice que todo esto se sabe, se comenta, así como se considera, pero parece que nunca es suficiente.

Cámaras, patrullajes, despeje de vegetación, cierre de cruces irregulares en la línea del tren, mejor iluminación. Nueva ordenanza de la ley de alcoholes. Aumento de atribuciones para la seguridad municipal en Chile. Reuniones entre distintas organizaciones para establecer acuerdos concretos, tanto en la prevención como en la reacción. Incluso, fortalecimiento de actividades profesionalizadas orientadas en el deporte y la cultura. Entre lo que se ha hecho y lo que queda por hacer se intenta hacer un reconocimiento, pero no una conformidad. La expresión es delicada, cansada de tanto y de tan poco. Se mencionan las estadísticas que confirman la presencia de contención del delito como un escudo con grietas. La percepción es tanto o más importante que la información. El peso de la muerte del carabinero carga injusticia en cada parte de la historia. Esa verdad pesa más que cualquier gráfico de cifras. Esto nunca debió haber sucedido.

Se decreta duelo nacional y duelo comunal. Las calles se llenan de globos verdes y blancos. Respeto. Reconocimiento. Y lamento. Sobre todo lamento. La realidad puede ser cruel y eso la comunidad lo padece como una carga. Este viernes y este sábado no son días cualquiera en Puerto Varas. Ni lo ha sido desde que esta noticia se convirtió en un manto frío sobre la cuenca. Lo que pasó fue en las mismas calles donde antes nada de esto pasaba. La realidad golpea la memoria de otros años. El pasado reclama su legado. La responsabilidad compartida se convierte en otro indicador de crisis colectiva. ¿Por qué está pasando esto? ¿Qué es lo que sigue? Se crea un recuerdo que es un temor y un lamento. El rostro del carabinero en la foto que anuncia la confirmación de su muerte se suma a las fotos que quedarán en su ausencia. Su vida, sus queridos, sus cercanos. La institución que representó y que seguirá representando en el recuerdo. Las banderas de la patria bajan su altura en el marco del duelo decretado. Todos saben por quién doblan las campanas.

Puerto Varas vuelve a su condición de puerto para una despedida. Mientras, la investigación sigue su curso. Nueva imagen del lugar de los hechos, nuevo audio, nueva declaración, suman y suman las publicaciones y los titulares, los despachos televisivos, ofreciendo una confusa claridad. La mesura se comporta esquiva y con errores en el camino. Por su parte, nada sumó la historia de confirmar una muerte antes de tiempo, para luego tener que corregir la información, una descoordinación entre instituciones que se asume están trabajando de manera conjunta. Tampoco ha sido feliz no contar con el equipo de nuevos seremis establecido y trabajando en las distintas áreas asociadas a la prevención y reacción de los delitos. Ante un incendio que se advierte desatado en cada nuevo logo institucional, no se pasan semanas hablando de quiénes son los mejores bomberos.

¿Y ahora, qué sigue? Por lo pronto quedan las voces de la tragedia. Se sabía. Se veía venir. Nunca antes había pasado. Se está haciendo de todo, no ha sido suficiente, queda mucho por hacer. Nuevas atribuciones, nuevo gobierno, nuevas articulaciones, nuevas medidas. La multiplicación de los controles. Las noches oscuras. El amanecer frío ante una verdad que es también un desconcierto. Esa desolación de que lo que pasó nunca debió haber pasado. ¿Qué queda? Lo evidente. Una sociedad fracasa cuando estas cosas pasan. Esta es una derrota. Puerto Varas está de luto. Chile está de luto.