• 18 de Octubre

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Innovar también es compartir

El valor de encontrarnos y compartir experiencias para transformar la educación.

Por Marcial Huneeus, director ejecutivo de Fundación Patio Vivo


“Fui premiada con que me eligieran para venir al encuentro de Patio Vivo”, nos dijo Vanesa Mella, profesora del Liceo Punta de Rieles de Los Muermos, al terminar el quinto encuentro de la Comunidad de Práctica del programa Patio Vivo Cultivable, realizada hace unos días en el Liceo Benjamín Muñoz Gamero de Puerto Octay. Era la primera vez que participaba y había sido escogida para representar a su liceo.

La frase me quedó dando vueltas. Cuando hablamos de innovación educativa solemos pensar en metodologías, infraestructura o tecnología. Junto a estas transformaciones fundamentales, hay otra dimensión: la posibilidad de encontrarnos para compartir prácticas pedagógicas y fortalecer una visión de educación. Tener tiempo para conversar sobre lo que hacemos y cómo lo hacemos, compartir aquello que nos ha resultado y también aquello que no, escuchar a otros y volver a nuestros liceos con nuevas preguntas e ideas.

Eso fue lo que ocurrió la semana pasada entre más de 35 docentes, asistentes de la educación y equipos directivos de nueve liceos técnico-profesionales de la Región de Los Lagos, que hoy son parte del programa Patio Vivo Cultivable, mundialmente reconocido por HundrED. Una visión común, fortalecer aprendizajes desde la sustentabilidad, la cultura local, la alimentación saludable y la naturaleza. Lo que Fernando Vargas, UTP del Liceo de ICP de Frutillar, llama el movimiento patio vivo. Profesores que no se conocían hoy intercambian ideas, contactos y saben que existe otro docente, en otra comuna, enfrentando desafíos parecidos y obteniendo buenos resultados.

Puede parecer algo pequeño, pero no lo es. Innovar en educación es difícil. Significa atreverse a hacer las cosas de una manera distinta, muchas veces sin tener todas las respuestas. La innovación pedagógica siempre está relacionada con las personas que la realizan, participan, la difunden y la apoyan. El sistema educativo es un sistema conformado por personas, por lo tanto tenemos la posibilidad de transformarlo mediante la colaboración. Eso es precisamente lo que buscamos en la comunidad de práctica de Patio Vivo Cultivable.

Hay liceos que llevan dos, tres y hasta cuatro años trabajando con el programa y otros que recién están comenzando. Los primeros ya han probado metodologías, han aprendido de sus errores, han encontrado nuevas posibilidades para sus aulas al aire libre y han descubierto cómo vincular estos espacios con distintas asignaturas. Hoy esa experiencia acumulada puede ayudar a quienes están dando sus primeros pasos y, mañana, ellos podrán hacer lo mismo con los nuevos liceos que se sumen.

En un momento de la jornada hicimos una pregunta muy sencilla: ¿qué te comunica este espacio? Frente al invernadero, los bancales y un patio conectado con la naturaleza aparecieron respuestas como “volver al propósito”, “tranquilidad, armonía y conexión con un aprendizaje significativo”, “estrategias para aprender de manera activa”, “creatividad e innovación”.

Me parece significativo que docentes de distintos liceos, comunas y trayectorias encuentren ahí tantas posibilidades. Patio Vivo Cultivable ha podido crecer en Los Lagos precisamente desde esa lógica colaborativa. Lo desarrollamos en alianza con Fundación MC, el SLEP Llanquihue, la Municipalidad de Puerto Octay, Corporación PLOC, el DAEM de Puerto Montt y el Instituto Politécnico María Auxiliadora. Hoy nueve liceos forman parte de esta experiencia, pero lo que comienza a consolidarse entre ellos va más allá de un programa: es una red de personas que está aprendiendo junta.

Ahí existe una pista importante sobre cómo impulsar transformaciones educativas que perduren. Necesitamos generar las condiciones habilitantes para que aquello que funciona pueda circular, que las experiencias se encuentren y que quienes han recorrido un camino puedan acompañar a quienes recién comienzan. Al terminar la jornada quedó la certeza de no estar innovando solos. De eso se trata una verdadera comunidad de práctica. Así la innovación puede ayudar a que las y los estudiantes aprendan mejor y adquieran nuevas habilidades que les sirvan para sus trayectorias, la vida y el trabajo.