En un reciente estudio de Dimek, Zielinska y Englert-Bator publicado en agosto de 2025 se señala que cada vez existe “más evidencia de una importante relación entre el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) y la obesidad”. En rigor, el TAG y la obesidad podrían reforzarse mutuamente, dando lugar a una “relación de refuerzo mutuo”.
¿Qué significa lo anterior? Muy simple: que la ansiedad, la obesidad y el sobrepeso estarían interconectados, y cada uno puede influir o contribuir en el otro eslabón de la cadena a través de una relación compleja. Las investigaciones demuestran que la obesidad puede aumentar el riesgo de desarrollar trastornos de ansiedad, mientras que la ansiedad se convierte en un factor de riesgo para la obesidad a través de mecanismos como la “alimentación de carácter emocional” y la falta de sueño.
En síntesis: los datos disponibles apuntan a que estaríamos frente a lo que se podría llamar un “proceso de retroalimentación mutua”, donde la ansiedad desencadena comportamientos que conducen al aumento de peso, como consecuencia de comer en exceso debido: (a) a la presencia de estrés y (b) a comer por motivos emocionales, a menudo caracterizados por atracones. La ansiedad también puede, a su vez, interrumpir el sueño, y se sabe que la mala calidad del sueño se relacionaría con el aumento de peso debido a la fatiga, a la reducción de la actividad física y el aumento de los antojos.
Por otra parte, la presión social que se ejerce sobre la gente obesa o con sobrepeso, puede, a su vez, provocar más ansiedad sobre las personas afectadas, generando un círculo vicioso que resulta difícil de romper.
Ahora bien, la condición de tener sobrepeso u obesidad puede explicarse a través de múltiples factores, tales como: (a) factores genéticos: la presencia de ciertos genes pueden predisponer a un individuo a subir de peso, (b) factores psicológicos: tales como la presencia de estrés crónico, depresión y ansiedad, (c) trastornos metabólicos: cambios hormonales durante el embarazo y la menopausia pueden afectar el peso, (d) factores médicos: enfermedades –como el hipotiroidismo– pueden contribuir al sobrepeso, así como también el uso de algunos medicamentos como antidepresivos, anticonceptivos o esteroides, (e) entornos “obesogénicos”, es decir, que hay gran facilidad para acceder a alimentos altamente calóricos, al mismo tiempo que una falta de actividad física.
No obstante lo anterior, existe un factor que es poco visible y que influye en que los registros de sobrepeso aumenten, especialmente, en los niños, a saber, que la “ansiedad y la sobreprotección de algunas madres en relación con sus hijos, pueden ser, asimismo, generadoras de sobrepeso”.
Tanto la obesidad infantil, como la obesidad en adolescentes y adultos representan, hoy en día, un grave problema de Salud Pública que sólo puede ser combatido restringiendo el consumo de calorías, gestionando las emociones y aumentando el nivel de actividad física, considerados los tres grandes pilares probadamente efectivos en la lucha contra el sobrepeso y la obesidad.