Opinión

La Misericordia: El Motor de la Reinserción Social

El Heraldo Austral

Katherine Montealegre N.

Presidenta Nuevas generaciones UDI

Región de Los Lagos

Nuestra época no ha quedado exenta de repudiables situaciones de criminalidad, violencia e inseguridad, que despiertan como corolario natural, sentimientos de injusticia y venganza. Por eso parece difícil atreverse a hablar de la misericordia como el acendrado cimiento de la reinserción social.

 En este último tiempo, pude experimentar la realidad de quienes sufren en silencio el rechazo de una sociedad inclemente y castigadora. Seres humanos que se encuentran en la incertidumbre de ser condenados por un delito, o en la incertidumbre de la vida después de la anhelada libertad. Me ha tocado ver casos donde la amistosa justicia se ha hecho presente y en otros donde los vestigios del ciego y sentenciador sistema inquisitivo aún hace de las suyas. Me ha tocado escuchar historias en las cuales un simple acto, cambió el rumbo de sus vidas y otras donde la historia y su final estaban escritos desde sus lugares de origen. Me ha tocado escuchar arrepentimientos y desesperaciones, incertidumbres y miedos, y a decir verdad, en una sociedad incapaz de incluir a sus desdichados, estos temores son comprensibles.

 Hoy no existe cabida social, para los que deben cargan con una hoja de vida reprochable. Mientras esa cabida no exista, la sociedad que clama por acabar con la criminalidad y la reincidencia, no podrá nunca contribuir a disminuirla. Se ha instaurado entre omisiones y silencios, una cultura del descarte, que ha dejado de apostar por la vida, abandonando al hombre en los brazos de un sistema sancionador de facultades inextinguibles, que no se agota con la reparación del mal como condición del perdón, sino con despojarlo de todo lo que lo sostiene y lo levanta, olvidando que la perfecta fuerza transformadora de un destino y el único motor eficaz de reinserción social, es la misericordia que podemos demostrar con quienes más lo necesitan.

 Que la inspiración cristiana sea nuestra guía y que nuestra indiferencia no nos adormezca. Cada ser humano vive en privado y en silencio sufrimientos distintos, inconmensurables y arrebatadores y es que ningún problema humano en el fondo nos puede ser extraño. La reinserción social es un deber que debe afrontar la sociedad civil, y afrontarla de la única forma correcta, con la misericordia y el amor transformador de Cristo, que se siente inclinado donde hay menos, porque puede dar más, un amor que acoge sin condiciones a quienes quieren mejorar su propio destino y el de sus familias. Con ellos nuestro compromiso primordial.