Al principio es una sola voz la que narra su historia. Esa que parte en la novela mirando desde la ventanilla de un tren. La voz es de Rachel, quién está deprimida y no lo pasa nada de bien. Ella tiene sus fijaciones, como creer que una pareja que avizora todos los días en sus viajes, es una envidiable pareja feliz. Pero, un día algo sucede. Y luego se suma a la narración otra mujer con su versión y luego otra. Tres voces, todas unidas por una cadena de acontecimientos que marcarán sus vidas para siempre.
A medida que avanzamos con esta lectura, muchas cosas no son lo que parecen ser. Hay que reconocer que la autora va desgranando la historia, de tal forma que salvo al comienzo, no decae el interés. Y se las arregla para que en lo terrible que haya ocurrido, todos entren en el umbral de la sospecha, acusados potenciales de ser los causantes.
Una novela que no encandila, aunque tiene sus virtudes, como la caracterización de los personajes, con un gran desarrollo de sus perfiles sicológicos, muchos de ellos seres atormentados y víctimas de las circunstancias.
Sin embargo, también luce sus ripios, como cuando dice “esta noche estamos solos” y tras cartón, en la misma escena y el párrafo subsiguiente “la luz del sol se filtra a través de las hojas bañando el sendero” ¿En qué quedamos? Salvo que estemos en medio de una escena de ciencia ficción en otro planeta, pero por aquí cuando es de noche, pues es de noche y, digamos, que es muy difícil que haya sol disponible. Son aparentemente algunos deslices de la señora Hawkins. El desenlace, bueno, está bien elaborado, aunque tampoco es que sorprenda tanto.
Sumando y restando, lo pasé bien leyendo, me fui una página tras otra bastante rápido, pero claramente no es una joya de la literatura mundial. Le alcanza para ser de renombre en la literatura anglosajona del género y ha sido superventas ya sea por el marketing o porque es de lectura muy fácil, típica para pasar el rato.
No requiere de un elevado nivel de concentración. Pongo un ejemplo: incluso en mis sesiones de kinesiología que estoy haciendo por esta molestia en el hombro derecho, en medio de las aplicaciones eléctricas y de ultratermia pude leer igual. Y, por cierto, también la lectura sobre esta chica es compatible con viajes en tren.