La Hail Mary fue mi hogar en este viaje de años luz, al igual que posiblemente el de quienes han leído este libro. En un momento estelar para la humanidad, como diría Stefan Zweig, un hombre solitario puesto dentro de esta nave espacial, sin saberlo, está de protagonista de una misión imposible. Se trata nada menos de salvarnos a todos de la extinción masiva, debido a una amenaza que afecta el centro mismo de nuestro mundo.
Sin embargo, hay una esperanza, una vaga promesa de alcanzar la inmunidad frente a aquella amenaza y allí es donde nosotros los lectores, vamos también a bordo de la Hail Mary, sufriendo, luchando contra un carrusel de problemas, con la esperanza como una estrella que se acerca y luego se aleja, y aprendiendo de todo gracias al gran profesor y astronauta a la fuerza que es Ryland Grace.
Este muchacho, tal vez el mejor científico de todos los tiempos, lleno de cualidades y competencias es también un ser imperfecto. Ello lo hace más humano y, por cierto, más querible. Al principio ni siquiera sabía qué estaba haciendo allí.
Debo destacar algo difícil de conseguir en este género y en este tipo de novela, cuya trama se desarrolla a través de un viaje espacial y es la notable verosimilitud de lo que cuenta. Hay resolución de problemas basados en ciencia por todo lo alto. También existe mucho de especulación y puede que a futuro cuando algo relacionado se descubra, se diga que Weir ya lo había imaginado y escrito en este libro, y pase a ser un visionario como otros escritores notables que han dejado su huella en la ciencia ficción. Y donde el autor pone la magia de la fantasía pura uno también se lo cree ¿Por qué no?
En cuanto al desenlace, pese a que algunas incógnitas se pueden intuir, en lo más sustantivo de las respuestas que uno espera conocer ávidamente, quedan bien guardaditas para las últimas páginas del libro.
No voy a decir nada nuevo al señalar el “pero” que tiene la narración: que no siempre se entiende del todo las explicaciones y descripciones de lo que va sucediendo en el viaje a bordo de esta nave que por varios momentos se transforma en un inmenso laboratorio, donde está todo el conocimiento y la tecnología que hemos acopiado hasta aquí.
Y así, uno se encuentra en serios problemas como alumno de un profesor brillante, pero de materias complejas. Salir al pizarrón aquí no es sencillo. Hay que acopiar todo lo que se tenga en el cuerpo sobre disciplinas tan variadas como la química, la climatología, la biología, la radiología, la astronomía, mucha física y matemáticas. Y la verdad que no alcanza. En todo caso, mucho no importa porque se termina entendiendo lo esencial.
Una novela de 543 páginas que nos saca del Planeta, imprescindible para los amantes de la ciencia ficción y para el resto también. A juntar coraje y embarcarse en la Hail Mary, que un año luz pasa volando.