Opinión

[OPINIÓN] "El último concejo" por Pablo Hübner

El Heraldo Austral

El martes de la semana pasada se vivió el último concejo municipal de la actual administración 2016-2021. Sesión número 165, transmitida, como es usual, por el Facebook de uno de los concejales.

A los diez minutos desde que se inicia el concejo, en el momento de los puntos varios, el alcalde decide que no tiene relevancia escuchar a los concejales. Los balances son personales y los requerimientos los tendrá que ver la nueva administración, dice, se levanta y se va.

Los concejales reaccionaron con molestia. Se escuchan palabras como: qué falta de respeto, estúpido, tirano, que le vaya bien, rata. Las palabras golpean los muros y acompañan los pasos del alcalde, quien se retira así del lugar. La silla del alcalde queda vacía, mirando hacia el fondo del salón del concejo, con el respaldo dando el frente a los concejales.

Renato Aichele asume la subrogancia, como concejal con primera mayoría, para lograr terminar el último concejo. Se retoma la serenidad y se contiene la molestia, para que cada uno de los concejales diga algunas últimas palabras. Todos los concejales tuvieron palabras de agradecimiento para el equipo municipal, los colegas concejales y la comunidad. Todos le desearon el mejor de los éxitos al concejal que sigue en ejercicio para la próxima administración, Marcelo Salazar. Fue un cierre honesto, tierno y triste. La conformidad por el trabajo realizado se encontraba con la resignación de que no fue lo que se quiso. Todos habrían preferido vivir una realidad diferente, con otro tipo de liderazgo, con otros problemas. Pero no fue así.

165 sesiones después, este fue el final. Ramón Bahamonde hizo de la representación comunal un liderazgo individualista. Su gobierno municipal fue el relato de la defensa de su propia persecución. Desperdició la oportunidad de ser lo que dijo que sería cuando salió electo el año 2016, un gobierno de puertas abiertas. Más bien fue un gobierno de portones, como el portón del Ewaldo Klein. Cuelga la cadena oxidada con un candado viejo, y ya nadie sabe dónde están las llaves.

Indudablemente. Esa era la palabra muletilla de Ramón Bahamonde. Se escuchaba cada vez que la necesitaba y la necesitaba seguido. Indudablemente era para sí y para no, para tal vez y para quizás. El problema es que quien no duda, no escucha, y quien no duda, no aprende. La duda es la esencia del crecimiento y del aprendizaje. Son las dudas también las que unen a las personas hacia los acuerdos, desde la intriga de la incertidumbre, hacia el camino colectivo en la construcción de certezas. Porque nadie se las sabe todas.

Este trastorno de la ausencia de dudas para ejercer, indudablemente, fue fatigando la estabilidad del trabajo con los concejales y con su propio equipo de trabajo. En el paternalismo de creer que estaba protegiendo a la comuna, la estaba arrastrando a la sombra de sus propias batallas. El mundo de Ramón, era para él, más grande que el municipio que representaba. Mientras, el campo de la certeza de su ausencia de dudas, era un desierto.

El cargo de alcalde merece una actitud distinta. El cargo de alcalde representa institucionalidad cívica y cuenta con la confianza de la historia. Representa la defensa del patrimonio cultural y natural de Puerto Varas, en la protección esencial de su futuro. El cargo de alcalde es más importante que quien lo ejerce. La humildad es imperativa.

Mucho se puede discutir en el balance de la gestión municipal 2016-2021, entre lo bueno, lo malo, lo feo y lo raro. La ruptura y la continuidad de los procesos que emprenda la nueva administración, junto con la auditoría que se le realizará a la administración actual, dará cuenta con realismo, discursos aparte, de aciertos y anomalías.

Muy pronto veremos nuevos concejos municipales, ojalá transmitidos de manera adecuada por el municipio, y que es de esperar, nunca repitan lo que vimos en la sesión 165. Esta fue la última sesión.

Por Pablo Hübner