Opinión

[OPINIÓN] "Elecciones políticas y personales" Por Pablo Hübner

El Heraldo Austral

Este fin de semana los vecinos de Puerto Varas se acercarán a los establecimientos educacionales para votar. Esta elección se da en el marco de la crisis política que enfrenta el país. El gobierno casi perdió el mando en octubre del 2019 y desde entonces se mantiene colgado de un hilo. El avance en la acusación constitucional en contra del presidente pone en jaque una vez más la estabilidad. El mayor logro de este gobierno sería terminar este gobierno. La sensación de cada día es: ¿Y ahora qué pasó?

En esta elección presidencial hay palabras, momentos y lugares que se repiten, pero no por eso quieren decir lo mismo. Octubre y noviembre de 2019, el fin de la década, el fin de la transición. La plurinacionalidad y las banderas que acompañan la bandera. El apruebo y rechazo. Que no son 30 pesos, son 30 años. La hoja en blanco y el blanco de la hoja. Reformar y/o refundar. La relación entre las empresas y la política. La realidad tributaria, la participación del IVA en la recaudación pública y la justicia de otros impuestos. Los recursos naturales, los recursos humanos, los recursos públicos. La segregación social y la cuestión generacional. El centralismo, el urbanismo y la ruralidad. El capitalismo, el acceso al consumo, la meritocracia y las redes de contactos exclusivos. La violencia, la piedra que se impone, la piedra que se tira. La rabia. El anarquismo y la vida en sociedad. Los derechos fundamentales. La vida en su diversidad. El ecosistema. La salud. La educación. La paz.

En el debate electoral la empatía no ha sido prevalente. Tampoco la poesía. Tanto se olvida este país de su poesía. Ni dos premios Nóbel, ni tantos otros premios y reconocimientos, ni todos los versos de fértiles poetas que apenas se conocen por ingratos motivos, parecen existir. Chile tiene una tradición poética en su vida política. La poesía reconoce las formas como un espejo, y en su protagonismo reflejo, ejerce referencia para la construcción de un imaginario colectivo. La seguridad, la certidumbre, tan anhelada como extraviada, está en la honestidad de la expresión colectiva y la búsqueda consciente para encontrar esa honestidad.

El silencio de la poesía en la actividad política es una desgracia simbólica de la sequía de este tiempo. La poesía importa transversalidad social, colectividad y diálogo entre las décadas, en un relato construido a lo largo de la historia nacional. La expresión poética ofrece moderación en el pudor que implica la búsqueda profunda de la verdad. La aceptación consiguiente para reconocer no entenderlo todo, no saberlo todo y desde ahí, acercarse al aprendizaje de las diferencias que ofrece la diversidad en la expresión y su colectividad.

Pero, la poesía parece haber sido reemplazada por el marketing calculador y la política por el discurso polarizado: Están los buenos y los malos. Soy yo o el caos. Así al menos lo reflejan hasta ahora los debates que se han tratado básicamente de ofender a los principales contendores, junto con ofrecer soluciones a problemas creados por los sectores que los principales contendores representan.

El daño no termina ahí. Entre militantes y simpatizantes hay quienes piensan que apoyar una candidatura implica denostar a los otros candidatos, ridiculizándolos, humillándolos si es necesario, con una naturalidad que debería ser motivo para decir, a ver, paremos todo, qué pasa, por qué pasa esto. La ametralladora de mensajes por redes sociales, los bots, los memes ofensivos, las noticias falsas reenviadas por whatsapp, las encuestas tendenciosas, las acusaciones infundadas con megáfono, y otras prácticas tan propias de la superficialidad, empañan la importancia del momento. La explicación de que lo hacen porque los otros también lo hacen tiene una mediocridad que no merece análisis.

La carencia de respeto se siente, como un envase vacío, en su peso. Para construir certeza se debe atender los argumentos en la justicia de su dimensión simbólica, mirar la tierra, el cielo y el horizonte. Respetar lo que se sabe y lo que no se sabe, el pasado y el futuro. La mayoría de las caras de las palomas de los candidatos están cortadas. Esa no puede ser nuestra democracia. Más que por quién votar, es cómo votar.   

Por: Pablo Hübner