Opinión

[OPINIÓN] "Fiestas patrias y el plebiscito de octubre", por Pablo Hübner

El Heraldo Austral

Estas fiestas patrias fueron especiales. Sin rodeos, sin fondas, sin desfiles en las calles de la comuna. Las mamás y los papás no fueron a ver bailar a sus hijos a los colegios, ni se tomaron las fotos que abrazan el alma y emocionan. Las banderas en las casas, más que una obligación o una tradición, parecían una declaración de presencia. Acá estamos. Seguimos, nos cuidamos, nos mantenemos. El humo de los asados se junta a media tarde con algunos volantines que intentan su camino hacia un cielo sin nubes. La música se acopla entre las casas y el ambiente de celebración contrasta con las calles vacías. Cada cuadra y cada esquina cuenta su historia desde este año diferente.   

Estas fiestas fueron necesarias, un aire bueno para compartir un poco, aunque sea un golpe de codos. Así, algunas familias pudieron encontrarse de manera presencial, mientras otras familias no tuvieron esa suerte. En muchas casas entre la música suena el altavoz de algún teléfono o de algún computador. Los saludos cruzan las pantallas.  Mientras, en el cielo despejado y luminoso, los que partieron miran la escena desde arriba.

La cueca sigue y su sonido honesto se hace cargo de la nostalgia, mientras, la cumbia que nunca falta eleva la moral y hace de la sonrisa el aliento. Las empanadas, el vino, la cerveza, la carne en la parrilla. Mote con huesillo, alfajores chilenos. Pebre, sopaipillas. Los comentarios, las palabras dedicadas a cómo eran y cómo son las cosas, la torta de mil hojas como los miles de recuerdos de fiestas patrias de años pasados.

La tarde avanza y la noche se aproxima. Se inicia otro toque de queda. De seguro en varios encuentros familiares se preguntaron, qué será de la navidad, qué será de la noche buena. Nadie sabe. Tal vez más que noche buena se tendrá que hacer una tarde buena. Una once navideña. El viejo pascuero con mascarilla, el amigo secreto por streaming, los regalos previamente desinfectados.

En poco más de un mes se cumple un año en crisis. Desde el 18 de octubre hasta ahora la comunidad ha tenido que vivir el estallido social y la pandemia. En el día a día se forja la necesidad de aprender a vivir en crisis, caminar con la incertidumbre, mientras se avanza en la construcción de certezas. Tal vez habrá un regreso, pero muy probablemente será un regreso para algo diferente. Cosas que cambiarán se juntarán con cosas que no cambiarán.

Muchos concuerdan en que no hay nostalgia más triste que la que se sufre por el tiempo que no se vivió. Si bien estas fiestas para muchos no fueron como lo habrían planificado, el futuro sigue ahí, a la vuelta de la esquina. Es de esperar que el recuerdo sirva al espíritu que participa de la historia que se celebra, incluso en estos tiempos difíciles. Porque la historia de Chile no se ha terminado. Sigue.

Un país independiente es mucho más que la autonomía de una junta nacional de gobierno, como la de 1810, o una declaración de independencia, como la de 1818. La independencia, más que un hito puntual, dice relación con una actitud: La profunda necesidad identitaria y colectiva de ser conductores y constructores de un mismo destino. La oportunidad es ahora.

El plebiscito del 25 de octubre es una convocatoria para participar de la historia de Chile. Puerto Varas siempre ha sido un ejemplo en cuanto a participación electoral. Esta vez de seguro no será la excepción.   

 

Por: Pablo Hübner