Opinión

[OPINIÓN] Otro fantasma recorre Europa y también el resto del mundo

El Heraldo Austral

¿Que fantasmas y temores atávicos desataron esta pandemia que por ahora, ni siquiera está entre las diez mayores causas mundiales de muerte en el planeta? ¿Qué hay detrás de la temerosa disciplina con que nos hemos recogido en nuestra caverna con angustia para que las bestias no nos huelan?.

Mas allá de lanzas o jeringas, de señales de humo o internet, por mucho que hayamos reemplazado nuestros taparrabos de piel por trajes de protección hermética, seguimos anclados a nuestra condición animal tantas veces denostada e incluso negada. Hemos construido nuestra torre de Babel en base a tecnologías que incluso nos han permitido llegar a la luna y mas allá, pero sin embargo, por alguna razón nos olvidamos explorar nuestro universo interior, tan cercano y tan lejano, nuestras emociones, nuestros miedos, nuestra relación con la inevitable muerte que nos acompaña desde el principio del ciclo cuando vimos la luz y lanzamos el primer llanto.

No cabe dudas que todos, en mayor o menor medida cada cierto tiempo exploramos estos terrenos personales incluso a contrapelo del racionalismo científico que surge como respuesta al fanatismo religioso. A veces apoyados por la filosofía, o en la psicología pero casi siempre desde un razonamiento positivista que no alcanza a explicar nuestra relación personal con hitos existenciales como el sentido de la vida y de la muerte. Ahora bien, es por nuestra condición de animales gregarios que no resulta indiferente la escala y simultaneidad con la que toda la manada, el clan, finalmente la humanidad se enfrenta a las mismas y para algunos, tenebrosas preguntas. Nuestra actual interpretación del éxito, de la relación con la naturaleza y la carencia de una mirada sistémica que nos presenta como entes aislados y superiores a las otras expresiones de vida, nos deja sin respuestas racionales y mas bien propias de depredadores que tratan de sobrevivir a cualquier precio.

¿Cuanto hemos crecido como humanidad? Por supuesto, no desconozco para nada la importancia del desarrollo científico y tecnológico, pero al ser fundamentalmente puertas afuera de nuestro ser no me cabe dudas de su insuficiencia. ¿De que sirve que aumenten nuestras expectativas de vida, si los viejos están botados y son tratados como estorbo social?... ¿que hacemos con su sabiduría acumulada? La archivamos en la bodega.

Por otra parte, ¿la educación de nuestros niños hacia donde apunta? ¿En que espacio familiar o social trabajamos con ellos sus emociones, o estados de ánimo?... ¿bastará con las tablas de multiplicar y los nuevos teclados?... ¿que hacemos con su curiosidad manifiesta de los primeros años, su entusiasmo, lo encausamos o lo reprimimos?...

Mientras sigamos heredándoles los mismos lentes de nuestros padres no habrá nuevas miradas en las generaciones posteriores, mientras la leche materna siga contaminada con los dolores, rabias o sueños de nuestra historia de interpretaciones, asumidas como respuestas verdaderas, sin motivarles nuevas preguntas, nuestros nietos estarán condenados a repetir los mismos errores encandilados por la tecnología, ciegos, sordos y mudos a la humanidad que requiere mas que nunca un desarrollo integral para aceptar al otro como legítimo otro y hacer carne, la fraternidad, la justicia y la igualdad como expresión concreta del amor en todas las relaciones, no solo humanas, sino que también con los animales y vegetales que nos rodean porque formamos parte del mismo sistema. La vida.

 

Alberto Vásquez Montenegro

Profesor de Biodanza Coach Ontológico

Constelador Familiar (en formación)

WSP +569 98645105