No cabe duda alguna –y los numerosos datos disponibles así lo demuestran– que el estrés crónico y sus graves consecuencias para la salud física y mental de las personas están cada vez más presentes en la vida diaria, dando lo mismo, si hablamos del fenómeno estrés al interior de las empresas o en la sociedad, en general.
El estrés es un sentimiento de tensión física y/o emocional que se dispara de manera automática en el organismo humano ante cualquier desafío, demanda o amenaza que experimente un individuo.
Es así, por ejemplo, que cuando una persona percibe alguna situación como una amenaza para su integridad física, o bien, un exceso de presión o exigencia sobre su persona, el sistema endocrino en conjunto con el sistema nervioso autónomo comienzan rápidamente a liberar hormonas, tales como la adrenalina y el cortisol, poniendo en alerta al individuo y preparándolo para actuar de inmediato. Si se trata de alguna amenaza de tipo física, el sujeto afectado se alistará para defenderse y luchar, o bien, para huir de inmediato, cual es el caso, por ejemplo, cuando se es atacado por algún animal feroz.
Las cifras confirman que el país lidera los rankings mundiales de preocupación por la salud mental como consecuencia de factores tales como:
- Altos niveles de delincuencia y violencia social que son percibidas por una parte importante de la población como “descontrolada”.
- La inestabilidad económica, la inflación, el alto costo de la vida, el sobre endeudamiento y las dificultades para llegar a fin de mes generan un estado de alerta y malestar permanente en la vida de las personas.
- El agotamiento laboral debido a las altas exigencias del trabajo –y la dificultad para desconectarse de manera efectiva–, han hecho que el agobio sea una constante que, a menudo, conduce a las personas al burnout o sentimiento de “estar quemado”, factores todos que hoy dictan el ritmo de la vida diaria.
A raíz de lo anterior, reconocer esta situación, abordar los problemas a los cuales nos enfrentamos y darle el tratamiento que corresponde se hace cada día más urgente, ya que no sólo repercuten en la salud mental y física de las personas y, por ende, en su calidad de vida, sino que también tienen una gran incidencia en la productividad y rendimiento de la gente.
Si ya en octubre de 2024 un estudio realizado por la empresa de investigación de mercados y de opinión pública, IPSOS, reveló que el 82% de las personas encuestadas consideró que la salud mental era tan importante como la salud física, y que el 73% declaró haberse sentido estresadas al punto de ver afectada su vida cotidiana, resulta fácil proyectar cuál es el sentir de la gente, hoy en día, como consecuencia de los efectos colaterales que ha tenido para nuestro país la guerra de Estados Unidos contra Irán.
Lo cierto, es que el estrés crónico dejó de ser solo una “anomalía” para convertirse en una realidad de carácter estructural.