Opinión

[OPINIÓN] "Vivir la cuarentena en viviendas irrecuperables". Por Martín Montes, Coordinador Social de Fundación Urbanismo Social

El Heraldo Austral
Foto: Martín Montes, Coordinador Social de Fundación Urbanismo Social.

A las ya difíciles condiciones a las que nos hemos visto afectados todos y todas en las últimas semanas, es de esperar que para quienes viven en viviendas irrecuperables, la cuarentena domiciliaria sea una opción difícil de llevar a la realidad.

En el marco de las medidas que el gobierno y la ciudadanía están tomando para disminuir la propagación del Covid-19, pareciera ser que la medida más eficaz y transversal es que nos mantengamos dentro de nuestras viviendas, evitando lo más posible el contacto con la vida exterior. Dada la gravedad de las circunstancias esto tiene mucho sentido, sin embargo, a su vez revela una problemática urbana que se ha ido agudizando en los últimos años, en especial en las grandes ciudades: la crisis de acceso a la vivienda.

Según datos de la encuesta CASEN del Ministerio de Desarrollo Social (2017), Chile registra un déficit habitacional cuantitativo de 497.560 viviendas, cifra que contabiliza el número de viviendas requeridas para reemplazar las viviendas irrecuperables y dar alojamiento a los actuales hogares en situación de hacinamiento y allegamiento. A nivel regional, la situación de Los Lagos también es preocupante, alcanzando un 8,8% de los hogares, superando el promedio nacional de 6,3%, siendo parte de las cinco regiones con mayor déficit en relación a su población. No obstante, a diferencia de la tendencia nacional donde el grueso de los casos del déficit son por hacinamiento y/o allegamiento (63%), en Los Lagos la causa principal es por viviendas irrecuperables (79,5%), con 19.238 casos, siendo la región con mayor porcentaje en esa categoría (Fundación Vivienda, 2018). Ante este escenario, a las ya difíciles condiciones a las que nos hemos visto afectados todos y todas en las últimas semanas, es de esperar que para quienes viven en viviendas irrecuperables, la cuarentena domiciliaria sea una opción difícil de llevar a la realidad.

En este contexto, resulta fundamental relevar el rol de la organización social, la cual permite traspasar los límites de la vivienda al block, cuadra, manzana o barrio, dependiendo de los niveles de confianza que existan. Vecinos que se turnan para suplir las labores de conserjes; comunidades que organizan el cuidado de niños o personas mayores; juntas vecinales que coordinan compras colectivas o la mantención de la higiene de las áreas comunes son sólo algunas de las prácticas comunitarias que han desarrollado algunas comunidades que se encuentran en situación de déficit habitacional. Ahora las responsabilidades ya no sólo incluyen las labores domésticas, sino también quehaceres laborales, educacionales y tantos otros. Por lo mismo, es urgente invertir más recursos y tiempo en los procesos sociales para fortalecer las relaciones sociales.

En el marco del preocupante déficit habitacional que vivimos como país, empujar la cuarentena total a toda costa como principal medida no sólo se vuelve poco materializable para un importante porcentaje de la población, sino también insensible respecto a sus condiciones de vida. Ante ello, urge buscar estrategias alternativas a la cuarentena domiciliaria para enfrentar esta pandemia, pero también, y principalmente, nos obliga a tomar medidas para abordar –de cara al proceso constituyente- el (hasta ahora) no reconocido derecho a la vivienda digna, probablemente una de las problemáticas estructurales más escondidas en nuestra sociedad y que ha logrado visibilizarse a raíz de esta crisis sanitaria.

 

Por: Martín Montes, Coordinador Social de Fundación Urbanismo Social.