Regional

El Chileno No se Rinde

El Heraldo Austral

El 27 de junio se celebra un nuevo aniversario del Combate de Sangra, ocurrido en 1881 en el marco de la Guerra del Pacífico.  Nuestro Regimiento de Infantería N° 12, ubicado en Puerto Varas, lleva su nombre en recuerdo de dicho combate desde 1931, ocasión en que se le quiso realzar en honor a un Combate, que para muchos desconocido,  representa para nuestra historia, un acto de honor, valentía y heroísmo ocurrida hacen 138 años en la sierra peruana.
  En aquella ocasión, recordemos que nuestro País, se encontraba en un conflicto bélico con Perú desde hacían más de 2 años en la Guerra del Pacífico y luego que se libraran batallas de Chorrillos y Miraflores, nuestro ejército se encontraba acantonado en Lima en espera que las autoridades civiles de nuestro país, buscaran las mejores circunstancias para firmar una tregua que le permitiera instaurar una paz definitiva y duradera entre ambos países. El ejército peruano, en tanto y como consecuencia de las derrotas sufridas en las citadas batallas, se había desintegrado casi por completo y muchas facciones de él trataban de reagruparse en la cordillera al oriente de Lima, liderados entre otros por el Presidente Nicolás de Piérola y el General Andrés Avelino Cáceres, llamado “el brujo de los Andes”.
  Alertado de esta situación, el mando chileno dispone que un destacamento de 1400 hombres, a cargo del comandante Ambrosio Letelier, suba hacia la sierra con el objeto de disuadir esos movimientos e imponer un control en la población, lo cual no les resultó nada de fácil.
  La sierra peruana estaba formada por pequeños poblados a lo largo de su extensión, los que eran habitados por lugareños de origen quechua que vivían de la agricultura y la minería. Tenían poco interés en el acontecer nacional, eran orgullosos de sus tierras y dignos representantes de su cultura. También habitaban allí muchos hacendados que controlaban un número indeterminado de montoneros (indígenas que escasamente hablaban español y  que servían en labores básicas de las haciendas). Eran por tanto presa fácil para ser reclutados por oficiales peruanos para defenderse frente a la llegada de los chilenos
  Un hecho desafortunado ocurrió en esa circunstancia, cuando parte del destacamento chileno comete una serie de actos de abuso y atropello frente a la población, en cada uno de los pueblos donde iban pasando, lo que causa una indignación natural contra los chilenos. Esto obliga a que el Almirante Patricio Lynch, que estaba a cargo de las fuerzas chilenas en Lima, ordene el inmediato regreso a Lima de estos destacamentos, sometiendo posteriormente a juicio a los oficiales que estaban a cargo y que habían permitido causar tales fechorías.
  Un grupo de 79 soldados y 4 oficiales que conformaban parte del Compañía del Regimiento Buin, marchaban de regreso a Lima a cargo del Capitán José Luis Araneda y del Subteniente Guzmán entre los desfiladeros existentes en la zona, en medio de cordilleras que superan los 5.000 mts de altura. Son sorprendidos por una tormenta de lluvia y nieve que les impide caminar. El grupo se divide, quedando 14 soldados en la Localidad de Las Cuevas y el resto se refugia en las casas de la hacienda Sangrar, compuesta por las casas patronales, la iglesia y las caballerizas a poca distancia de Las Cuevas.
  Allí pernoctan en espera que los temporales le permitieran reunirse con el grueso del contingente de Letelier que venían bajando y continuar viaje a Lima tal como se les había ordenado. El 26 de junio a las 14.30 pm son sorprendidos por el ejército peruano, compuesto por 300 efectivos militares y un número no menor a 500 montoneros, todos encabezados por el coronel Manuel Encarnación Vento (hijo del dueño de la hacienda Sangrar) los cuales arremeten contra los chilenos a sangre y fuego causando gran número de muertos y heridos.
  El Combate dura toda esa tarde y toda esa noche, defendiéndose los bravos del Buin a pesar que los peruanos casi 10 veces superiores en cantidad a los chilenos, habían incendiado la iglesia y las caballerizas. En la casa patronal se parapetaron los últimos 15 chilenos que aún quedaban dando dura resistencia. En un instante y ya aclarando el alba, se acabaron las municiones, los disparos amainaron y el silencio reinó. Los peruanos consideraron que ya no quedaban soldados chilenos por lo que dieron por terminada la combate y ante la inminente llegada del grueso del ejército chileno, que había sido avisado del enfrentamiento en Sangrar, emprendieron su retirada considerando un triunfo rotundo. Fueron más de 15 horas de un combate encarnizado en que un grupo de 36 chilenos defendieron con valentía, honor y dignidad la Bandera chilena frente a una fuerza inmensamente superior. En 2 ocasiones el coronel Vento les ofreció la rendición y conservarles la vida, a lo cual el coronel Araneda ordena al corneta, tocar “calacuerda” que significa arremeter contra el enemigo a fuego y bayoneta. Esa fue la respuesta clara y decidida. El chileno no se rinde y está dispuesto a luchar hasta la muerte. Solo 10 chilenos sobrevivieron a esa masacre. La historia los reconoce como los diez de Araneda
  Este combate fue el preludio de otro que ocurriría un año después en un lugar muy  cercano, en un pueblo llamado Concepción, donde otro grupo de chilenos ofrendaron sus vidas por la patria y con la misma consigna EL CHILENO NO SE RINDE

Anibal Pinto Infante