• 17 de Octubre

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De antiguo molino a referente cultural: los diez años del CAMM en Puerto Varas

Desde su apertura en 2016, el Centro de Arte Molino Machmar ha convertido un antiguo edificio patrimonial en un espacio de encuentro para las artes, la ciencia y la comunidad. A diez años de su inau...

  • Desde su apertura en 2016, el Centro de Arte Molino Machmar ha convertido un antiguo edificio patrimonial en un espacio de encuentro para las artes, la ciencia y la comunidad. A diez años de su inauguración, el CAMM enfrenta el desafío de consolidar su autonomía financiera y ampliar el acceso a la cultura en Puerto Varas.

Un 16 de octubre del 2016, el Centro de Arte Molino Machmar (CAMM) abrió sus puertas al público por primera vez, un proyecto que comenzó a gestarse nueve años antes –en 2007­– gracias a la colaboración de un grupo de agentes culturales, quienes soñaban con instalar un espacio interdisciplinar que acerque el arte, la cultura y el patrimonio a la comunidad de Puerto Varas y sus alrededores.

Hoy, una década después de su apertura, el CAMM se posiciona como un centro artístico de referencia a nivel nacional, con un equipo de trabajo estable conformado por 12 personas, y con una programación abierta y permanente de artes visuales, artes escénicas, literatura, ciencia y formación. Pero su valor no tan solo reside en su cartelera o en su capital humano, sino que se extiende a su misión: democratizar la cultura. Para ello, el centro artístico realiza trabajos de mediación con escuelas rurales, organizaciones sociales y particulares, exposiciones gratuitas, difusión de arte local y rescate patrimonial.

Este último punto es consecuencia directa de sus raíces, ya que el edificio que lo acoge representa un emblema histórico para la ciudad. La estructura original fue levantada durante la primera mitad del siglo XX por su propietario, Humberto Machmar, quien la habilitó como un molino de producción de harina que se mantuvo operativo durante cerca de cuatro décadas, antes de quedar en desuso.

Su diseño consta de un clásico cubo de madera característico de la arquitectura tradicional alemana de la zona, y antes de convertirse en lo que hoy se conoce como Centro de Arte Molino Machmar, el edificio fue adquirido por la familia Wellman y ,posteriormente, declarado de interés arquitectónico por el Consejo de Monumentos Nacionales, integrándose a la Zona Típica de Puerto Varas. Esta protección legal garantiza su conservación y evita alteraciones drásticas en su diseño en favor de su preservación patrimonial.

El proyecto, que se tradujo en una inversión aproximada de $1.600 millones para levantarlo, cuenta con una superficie de 1.200 metros cuadrados, cinco niveles y seis áreas de programación permanentes. Dentro de su infraestructura destaca la Sala CAMM, un auditorio con 82 butacas y equipado con escenario profesional, proyector de cine, iluminación, sonido, y acceso universal, orientado para eventos audiovisuales, seminarios, conferencias, ceremonias y lanzamientos. Pero también cuentan con tres espacios orientados a las exposiciones: Sala Artes Visuales, Sala Vulcanología y Sala Molino.

 

Los inicios del proyecto

En conversación con Amparo Allende, presidenta del directorio del CAMM y una de las fundadoras del proyecto, recuerda que desde su llegada a Puerto Varas (en 1991) tenía la ambición de rehabilitar un espacio público para transformarlo en un centro cultural. Luego de vincularse con Beatriz Huidobro (actual vicepresidenta del directorio del CAMM), María Angélica Lapostol (directora general del Centro Cultural Bosque Nativo) y otros referentes artísticos de la zona, Allende comenzó a trabajar en esta idea, partiendo con la búsqueda del espacio que albergaría este ansiado centro de arte. El ex Gran Hotel Puerto Varas y el ex consultorio –ambos abandonados y ubicados en calle Klenner­– fueron los primeros candidatos, pero el proyecto no fue acogido por el Estado.

Años más tarde, ya en 2007, la iniciativa comenzó a estructurase formalmente con la llegada del arquitecto Rodrigo Pezzuto, quien compartía la idea de crear un espacio cultural en el corazón de Puerto Varas y se unió a este grupo de agentes culturales –integrado por Amparo Allende, Angélica Lapostol, Beatriz Huidobro, José (Pepe) Medina, entre otros–. El primer hito fue la conformación legal de una corporación comunitaria con el objetivo de postular y conseguir un espacio físico.

En un inicio, el grupo buscó distintos sitios eriazos o inmuebles en la ciudad para levantar un nuevo centro cultural. Tras evaluar opciones y recibir una negativa inicial de la familia Wellman por otro terreno, se fijaron en el antiguo molino que se encontraba abandonado. Al visitar el histórico molino, comprobaron que el lugar era perfecto para consolidar este proyecto, ya que contaba con el respaldo de la familia Wellman, quienes mostraron un compromiso muy potente con la iniciativa y con la cesión –a través de un usufructo­– del espacio para restaurarlo.

“Así partimos con esta idea y con este trabajo de levantar fondos, nos tomó nueve años, desde el 2007 al 2016 para poder abrir este espacio hacia el público”, concluye Allende.

 

 


Financiamiento

 

Al ser un centro cultural donde el sector público y privado están en un dialogo constante, una de las grandes incógnitas que surgen sobre este espacio tiene relación con el sustento financiero.

En ese sentido, la directora ejecutiva del CAMM, Valentina Schindler, resalta que aún hay “mucha gente que asume que somos apoyados por la municipalidad, otros asumen que somos un espacio privado que tiene una gran corporación con dinero de fondo, y también hay personas que asumen que el Gobierno Regional nos sigue financiando de manera directa. Pero desde el día en que el CAMM abrió sus puertas no ha recibido nunca financiamiento directo de ningún organismo público”.

En ese sentido, Schindler explica que actualmente el CAMM opera bajo un esquema financiero compuesto principalmente por tres fuentes de ingreso distintas. En orden jerárquico, los fondos públicos concursables representan el principal sustento económico del espacio. Dentro de esa categoría, el hito más importante fue la incorporación –a partir de la pandemia– al Programa de Apoyo a Organizaciones Culturales Colaboradoras (PAOCC) del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio (MINCAP), el cual financia los gastos fijos y de funcionamiento de la organización. Adicionalmente, año a año postulan a otros fondos concursables del MINCAP –como los Fondart–, fundaciones y fondos municipales o regionales.

Las donaciones del sector privado son la segunda fuente de ingresos, y se dividen en dos vías. La primera son los aportes de empresas que apoyan el proyecto mediante la Ley de Donaciones con Fines Culturales, la cual les otorga importantes beneficios tributarios a los donantes. Actualmente el CAMM cuenta con diez empresas colaboradoras, algunas de ellas desde sus inicios. La segunda vía es la “Red de Amigos CAMM”, un programa de membresía donde personas naturales que se sienten identificadas con el proyecto aportan dinero de manera mensual.

Finalmente, la directora ejecutiva señala que la tercera fuente de ingresos tiene relación con la propia gestión del espacio, a través del arriendo de salas, la concesión de la cafetería (Café Machmar), la realización de talleres, el funcionamiento de un cowork y actividades programáticas.

La postura es clara, Schindler reconoce que si bien a lo largo de estos 10 años el CAMM ha logrado posicionarse como un centro cultural más “robusto, estable y profesional”, siempre “estamos en proceso de consolidación”, subrayando que, al depender de la autogestión financiera y fundamentalmente de los fondos concursables, uno de los grandes desafíos es “lograr continuidad a nivel institucional cuando uno no tiene fondos asegurados de un año para otro de ningún tipo” aclara la directora.

Esta estructura no solo financia su operación diaria y equipo de trabajo, sino que refleja las dificultades que enfrentan todos los espacios culturales regionales independientes para consolidarse con el tiempo.

 

Desafíos

 

El Centro de Arte Molino Machmar enfrenta importantes retos orientados a consolidar su autonomía financiera y administrativa, pero también buscan derribar las barreras socioeconómicas y culturales para asegurar una verdadera apropiación del espacio por parte de toda la comunidad de Puerto Varas. Schindler asegura que, a pesar de ofrecer una programación abierta y gratuita, persiste el reto de conectar con sectores que históricamente no han integrado el arte en su cotidianeidad, por lo que el desarrollo de programas de mediación escolar y familiar resulta indispensable para generar hábitos de consumo cultural desde la infancia.

Beatriz Huidobro, actual vicepresidenta del directorio del CAMM e Hija Ilustre de Puerto Varas, destacó que, en el ámbito de la infraestructura y la gestión del patrimonio, la institución enfrenta el desafío potenciar el Centro de Documentación Patrimonial (CEDOC) mediante la digitalización de archivos fotográficos y documentales.

“Ese resguardo y acopio es fundamental, lo siento como un pendiente que deberíamos concretar. Hemos hecho algunos intentos, pero no se ha materializado”, sostiene Huidobro.

Con respecto al área programática, la gestora cultural resaltó que “siempre hay cosas por hacer”, enfatizando en el intercambio con otras entidades y en la profundización e integración de disciplinas artísticas que aún no forman parte de la palestra de actividades en el centro cultural.