El domingo 26 de abril era un día histórico que se transformó en un domingo cualquiera. La elección que podía dar inicio al proceso constituyente fue postergada por el Covid-19 para el mes de octubre, decisión que puede cambiar si la crisis sanitaria así lo obliga. Mismo escenario corre para la elección municipal, que recordemos, fue postergada de octubre de este año para abril del próximo año. El actual gobierno municipal tendrá seis meses más de lo pactado para representar a los vecinos de la comuna. Nadie votó para que gobiernen seis meses más, pero, así son las cosas. Y puede que el calendario electoral vuelva a cambiar, ya nadie sabe.
Con este cambio el año 2020 pierde su cualidad electoral municipal y se convierte en un año distinto, un entremedio mientras dura la emergencia. Hasta antes de la crisis sanitaria, este era el año para hablar de Puerto Varas, lo bueno, lo malo, lo feo, lo raro. Era el año para pensar en el futuro. Imaginar la comuna en diez, veinte, cincuenta años. Imaginar lo que podría ser. Una visión colectiva, integradora y participativa. Era el tiempo para ajustar el camino, reconocer los avances y los fracasos del pasado reciente y de tal modo, dibujar el rumbo hacia un futuro posible.
Pero nada de esto pasó. En Puerto Varas hoy no hay debate de futuro, ni hay mucha participación colectiva. Lo que tenemos es una sucesión de anuncios, cuestionamientos a los anuncios y luego, más anuncios. Medidas aisladas que se toman junto a las medidas que no se toman. Explicaciones que son como charcos a la lluvia. La reflexión profunda, quiénes somos, quiénes queremos ser, cómo queremos avanzar como sociedad, está postergada hasta nuevo aviso. El espejo está empañado.
El día jueves de la semana pasada la administración municipal cumplió con el mandato de la cuenta pública en relación a los hechos correspondientes al año 2019. Más allá del análisis de la presentación, queda aún pendiente un tema muy relevante. ¿Qué harán ahora que tienen la oportunidad de gobernar seis meses más de lo pactado? Puede ser que la cuenta pública no sea el momento para aclarar esto, pero saber cuál es el plan no puede esperar mucho más.
Este gobierno municipal, extendido por motivos de fuerza mayor, debe ser coherente con la causal de su extensión y en responsabilidad, responder con la elaboración de un plan que sea debidamente socializado con todos los vecinos. Este plan debería incluir al menos cuatro frentes: Salud, educación, seguridad y economía. Lo ideal sería que este plan articule voluntades del mundo público y privado para lograr enfrentar la emergencia que justifica la extensión de mandato.
Quedarse con una frase tranquilizante y llena de absolutos, como la recurrente expresión de que se está haciendo todo lo que hay que hacer, conjunto a la importancia del auto cuidado, no es suficiente.
Del mismo modo, quienes habían anunciado su voluntad de ser candidatos para el cargo de alcalde y concejales, deberían subordinar su voluntad a un plan central de acción y colaborar de manera real con la administración en cumplir de la mejor manera con el desafío de enfrentar la emergencia. Esta disposición de colaboración debe ser vista por la administración como una genuina forma de unir fuerzas, más que como una competencia de interés personal sobre quién enfrenta mejor esta crisis. Si no existe unión, sólo seguirá el curso de los esfuerzos aislados que pierden la oportunidad de la contundencia tan necesaria en este tiempo. La postergación de la elección municipal debe marcar una tregua en la competencia política particular y en las críticas de grupos opositores a la administración. Este desafío no será fácil, pero se puede si el plan que se presenta los vincula a todos. El mandato de la administración es representar a todos los vecinos, ahora, con más urgencia que nunca.
Por Pablo Hübner