• 16 de Octubre

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Aprender más allá de la sala

Por Marcial Huneeus, director ejecutivo de Fundación Patio Vivo


Los resultados de PISA 2025 vuelven a poner sobre la mesa una preocupación que conocemos bien, cómo lograr que nuestros estudiantes aprendan más y mejor. Los resultados en lectura y matemáticas nos obligan a mirar con atención aquello que estamos haciendo, pero también son una oportunidad para hacernos una pregunta más amplia. ¿Estamos aprovechando todas las formas y espacios en que niños, niñas y jóvenes pueden aprender?

La misma evaluación nos entrega otra señal que vale la pena observar. El 68,7% de los estudiantes chilenos aspira a contribuir a la protección del medioambiente desde su futuro trabajo. Es decir, mientras enfrentamos dificultades en aprendizajes fundamentales, tenemos una generación que manifiesta interés por uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo.

Y ese interés no es nuevo. El Estudio Panel de Ciudadanía Escolar 2019, del Centro de Políticas Comparadas de Educación (CPCE) de la Universidad Diego Portales, mostró que un 85,9% de los estudiantes se declara interesado o muy interesado en temas medioambientales y cerca de un 70% considera importante proteger el medioambiente. Hay otro dato especialmente relevante para la escuela. Después de los amigos, mencionados por un 40,1%, son los profesores, con un 32,8%, quienes más han influido en el interés de los jóvenes por estos temas.

Esto nos entrega una pista. Quizás no debamos pensar el aprendizaje de lenguaje, matemáticas, ciencias, ciudadanía y medioambiente como mundos separados. La escuela puede conectar aquello que necesitamos fortalecer con aquello que despierta la curiosidad y el interés de los estudiantes.

¿Y si para aprender matemáticas salimos a medir un huerto, calcular superficies, registrar el crecimiento de una planta o estimar el agua necesaria para un cultivo? ¿Y si en lenguaje también se aprende observando, investigando, formulando preguntas, escribiendo y comunicando lo aprendido a otros? Para hacerlo no siempre necesitamos ir muy lejos. Tenemos un espacio disponible todos los días: el patio escolar.

Un patio con naturaleza puede ser mucho más que el lugar donde ocurre el recreo. Puede convertirse en una extensión de la sala y en un laboratorio vivo donde observar, experimentar, medir, leer, escribir, calcular y cultivar. Un espacio donde además se aprende con otros, conversando, colaborando y compartiendo experiencias. La propia investigación plantea que el medioambiente tiene un importante potencial para trabajar valores y formas de participación ciudadana. En Patio Vivo llamamos a esta forma de enseñar Metodología Aula Abierta, formando parte del programa Patio Vivo Cultivable que estamos implementando en 9 liceos de la región y buscamos ampliar su impacto en el territorio.

Frente a los resultados de PISA, la respuesta no debiera limitarse a hacer más de lo mismo. Necesitamos fortalecer lectura y matemáticas, por supuesto, pero también preguntarnos cómo conseguimos que esos aprendizajes tengan sentido para los estudiantes.

No se trata de reemplazar la sala de clases ni de pensar que aprender al aire libre resolverá por sí solo los desafíos de nuestro sistema educativo. Se trata de ampliar las oportunidades y reconocer que una escuela también enseña desde sus patios, sus áreas verdes, territorio y los vínculos que allí se construyen.

Tenemos estudiantes interesados en el medioambiente y desafíos importantes en aprendizajes fundamentales. Conectar ambas realidades puede abrir nuevas posibilidades. Quizás parte de la respuesta esté más cerca de lo que pensamos al abrir la puerta de la sala, ampliar el aprendizaje y atrevernos a aprender también afuera.