“Lo comunitario es lo único que nos rescata”. Esta frase de la psicóloga Pilar Sordo, pronunciada durante el Seminario de Desafío Chile en el marco de la conmemoración del primer año del tornado que afectó a Puerto Varas, me quedó dando vueltas durante varios días. Mientras la recordaba, aparecían imágenes, rostros y experiencias que me conmueven profundamente y que hoy miro con admiración por la forma en que nuestra comunidad enfrentó uno de los momentos más difíciles de su historia reciente.
El tornado dañó viviendas, afectó barrios completos, derribó árboles y provocó cortes de suministros básicos. Sin embargo, más allá de las consecuencias materiales, dejó una huella profunda en las personas: la sensación de inseguridad, la incertidumbre y la vulnerabilidad que surgen cuando aquello que creemos estable cambia de un momento a otro.
Y fue precisamente en ese escenario donde la frase cobró sentido. Porque mientras la emergencia golpeaba a la comuna, ocurrió algo que merece ser destacado: la organización social emergió con una fuerza extraordinaria. Vecinos, dirigentas, organizaciones comunitarias, voluntarios y profesionales se activaron para acompañar y apoyar a quienes más lo necesitaban. Una vez más, quedó demostrado que, frente a la adversidad, lo comunitario nos rescata.
Un ejemplo de ello fue el surgimiento de “Contención Emocional PV”, iniciativa liderada por las terapeutas Andrea Salinas López y Consuelo Marín. Recuerdo que el mismo día del tornado me contactaron para decirme “Estamos a disposición, ¿dónde podemos ayudar?”. Esa voluntad inmediata de ponerse al servicio de otros fue el punto de partida de una red de apoyo destinada a entregar primeros auxilios psicológicos a las personas afectadas. Mientras ellas lideraban la convocatoria y coordinación de profesionales, distintas personas y organizaciones colaboramos facilitando contactos, vinculando a dirigentes y juntas de vecinos, difundiendo la iniciativa y apoyando las gestiones necesarias para llegar a quienes requerían acompañamiento. Lo que comenzó como un gesto solidario se transformó, gracias a la organización, la comunicación y la capacidad de convocatoria de sus impulsoras, en un equipo de más de 80 profesionales comprometidos con el bienestar de la comunidad.
Como recuerda Andrea Salinas López, esta fue una experiencia enriquecedora, donde en muy poco tiempo se reunieron muchas personas con la voluntad de aportar y ayudar. La iniciativa permitió reconocer la enorme red de voluntariado que existe en Puerto Varas y cómo, frente a la emergencia, profesionales pusieron sus habilidades al servicio de la comunidad. “Pedíamos ayuda y llegaba”, señala, destacando la capacidad de organización y colaboración que permitió conformar equipos de apoyo en un contexto complejo.
Ese esfuerzo colectivo dejó huellas concretas en quienes recibieron acompañamiento. Una de las vecinas atendidas recordó que las terapias de contención emocional fueron una ayuda fundamental para liberar tensiones, expresar sus miedos y sentirse acompañada en un momento muy complejo. “Me sentí acogida, escuchada y apoyada cuando más lo necesitaba. Estoy profundamente agradecida por este apoyo, que fue de gran valor para mi proceso de recuperación”, señaló.
Más de 25 personas fueron atendidas de manera gratuita, quienes en su mayoría pertenecían a las zonas afectadas, tales como La Cruz, Los Alpes, Terraplén y Rudolfo Philippi, además de familias del Campamento Línea Férrea y trabajadores de sectores comerciales como el supermercado Líder. La atención fue de manera online y presencial en Estación Rock, Centro de Arte Molino Machmar y la sede de Rudolfo Philippi quienes facilitaron los espacios.
Haber sido testigo de esa articulación y de muchas otras que surgieron, reafirma una convicción profunda: las mejores respuestas surgen cuando las personas se organizan y trabajan juntas. Por eso, fortalecer el tejido social, respaldar a nuestras organizaciones comunitarias y generar más espacios de participación ciudadana no debe ser visto como algo secundario, sino como una inversión estratégica para el desarrollo de Puerto Varas. Las emergencias pasan, pero las redes humanas que construimos permanecen. Y cuando una comunidad está organizada y comprometida con su entorno, no sólo enfrenta mejor las crisis: también es capaz de construir un futuro más solidario, resiliente y participativo para todas y todos.