• 10 de Octubre

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La comunidad del parque nacional

Por: Pablo HÜbner


Puerto Varas se prepara para un momento histórico. El Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, el más antiguo de Chile, cumple 100 años. País y paisaje, unidos. Mientras se aproxima la fecha, se conocen las distintas actividades con que se conmemora este aniversario.

Quien llega al Parque Nacional Vicente Pérez Rosales conoce primero a sus comunidades y luego al parque. La primera imagen del primer parque nacional de Chile no es un sendero ni un lago: son las localidades que lo reciben. Por eso, Ensenada, Rollizo y Ralún no solo representan a Puerto Varas. También representan a la nación. Las comunidades aledañas, como zonas portales de acceso, tienen la condición intransferible de ser anfitrionas y guardianas del parque. Contener amenazas y aprovechar oportunidades es parte de su cometido central.

Una comunidad aledaña al parque, cuando funciona como tal, se beneficia de manera concreta. El turismo se distribuye mejor, aparecen nuevos servicios, se fortalece la identidad local y las oportunidades económicas dejan de concentrarse exclusivamente en el centro urbano. El parque nacional es un motor de desarrollo, pero para funcionar y avanzar, además de fuerza, requiere visión, conducción y estrategia. Para lograrlo es fundamental el rol y la genuina participación de las comunidades aledañas.

Ensenada hoy parece un lugar de paso. Un camino donde acelerar para luego llegar al parque. Un lugar donde cargar combustible. Probablemente la mayoría que visitó el parque este año no se alojó en un lugar próximo al parque, sino a 50 kilómetros, el centro de Puerto Varas, mismo lugar donde se realizará la principal actividad municipal de celebración del centenario del parque. De quienes fueron al parque, tampoco sería raro que no hayan recorrido Rollizo ni Ralún. Probablemente ni siquiera se detuvieron en el camino. El turismo de naturaleza se produce, pero desde la distancia.

Un parque nacional no solo conserva naturaleza. También genera oportunidades. Pero esas oportunidades requieren planificación, infraestructura y una visión compartida. Ser vecino del primer parque nacional de Chile debería traducirse en una estrategia de desarrollo para las localidades que lo reciben. Pretender acercar a las personas que viven lejos del parque sin integrar de manera real a quienes son cercanas al parque es una decisión imposible.

Ensenada aún no cuenta con el plano regulador aprobado. Tampoco ha participado de procesos de plan visual, como sí lo intentó Puerto Varas céntrico, renovando fachadas y señalética bajo una mirada uniforme, privilegiando la madera. Ensenada tampoco cuenta con un monitoreo en línea de sus costas para medir la contaminación del agua del lago. Cuando se cortaron los árboles en la plaza del centro, nadie preguntó cuándo se evaluarían los árboles de la localidad de Ensenada, o Rollizo, o Ralún, zona donde el temporal botó varios de ellos, cortando el camino. En cuanto a los cortes nocturnos de camino de manera preventiva en la ruta 225, se advierten con pocas horas de antelación, generando un trastorno para los pasajeros. Ni hablar de la ruta a Lago de Todos los Santos, donde ya se asume como condición normal el corte de camino cuando llueve con intensidad. Mientras, la lucha de su desarrollo económico parece reducida a una potencial carpa de plástico para artesanos. Tal vez de madera. Tal vez ni lo uno, ni lo otro. No se sabe. Si se hiciera una lista de acciones concretas en Ensenada y se comparara con las adoptadas en la zona del centro, probablemente se marcaría una diferencia en la cantidad de acciones y en los montos asignados. Claro, viven ahí menos personas, pero siguen siendo vecinos de un lugar que es el que más atrae visitas y que si fuera lo que podría ser, más recursos generaría para toda la comuna, la región y el país. La experiencia del parque parte por las comunidades aledañas. El parque debe ser tan importante como la comunidad aledaña. Es lo que más le conviene a Puerto Varas.

Ensenada, Rollizo, Ralún, son localidades llamadas a aprovechar el turismo como consecuencia de la conservación, integrando su propia identidad cultural con los beneficios que genera un parque nacional. Aceptando, a su vez, la belleza como sello distintivo de su entorno. Hoy Ensenada parece gobernada por las fachadas de la Coca Cola, mientras una invasión dispersa de otros carteles compite por captar la atención de los autos que circulan con ruta directa hasta el parque. Pocos se detienen; la mayoría continúa su viaje hacia el parque.

Esta semana más de 15 organizaciones de Ensenada manifestaron de manera pública su percepción de postergación con este aniversario. El centenario del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales no debería medirse por la cantidad de actividades realizadas, ni por la convocatoria de un escenario, ni por su ubicación. El aniversario debería marcar el inicio de un compromiso permanente con las comunidades que le dan acceso y que lo representan frente al país. Porque un parque nacional pertenece a la nación, pero su primera imagen siempre será la comunidad que lo recibe. Ensenada, Rollizo y Ralún no son la periferia de Puerto Varas. Son parte de Puerto Varas, del mismo modo que el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales es parte de su identidad. Cien años después, el mayor desafío no es celebrar el parque, sino construir la comunidad que el parque merece.