Desde el mismísimo comienzo se sabe que Alicia Berenson asesina salvajemente a su marido. Después no vuelve a hablar ni a comunicarse. ¿Cómo es posible que algo tan terrible haya ocurrido, más aún si la pareja se veía tan feliz?
Nada que hacer con ella, dice todo el mundo, hasta que aparece Theo, el nuevo psicoterapeuta, quien se interesa especialmente en el caso, motivado por la empatía que le produce Alicia y por su compromiso profesional, siempre marcado por los traumas de su propia infancia.
Este thriller psicológico tiene un arranque vertiginoso, que se mantiene en el desarrollo de la trama con una gran pulsión narrativa y un desenlace extraordinario. Hacía mucho rato que no me había ocurrido con una lectura, no poder parar de leer hasta terminarla a altas horas de la noche. Por lo tanto, no tengo nada que decir en este sentido y reconozco que es una novela recomendable, especialmente para quienes no son asiduos del género.
La narración está hecha desde el punto de vista de Theo y del diario de Alicia escrito en tiempos previos al asesinato. Justamente, el hallazgo del diario y otras pistas permiten que Theo no se dé por vencido en su propósito transformado en obsesión, de lograr que Alicia hable y poder saber lo que sucedió.
Pese a sus virtudes, creo que este thriller no es perfecto ni tampoco roza la perfección, como algunos dicen, aunque tenga muy bien desarrolladas las claves y los recursos del género. ¿Dónde está el problema?
Primero, el comportamiento de algunos personajes. Cierto profesional con perfil laboral de excelencia empieza a rechinar por algunas conductas que presentan desviaciones no tan profesionales y actuaciones fuera de su competencia.
Y, en segundo lugar, en algunos momentos claves hay ciertos sucesos en que no me tragué el anzuelo. Algo no anda bien cuando a uno le quedan dando vuelta ciertas explicaciones, que dan ganas de volver atrás en la lectura, pensando que a lo mejor la culpa es propia, de no haber entendido bien. Y cuando falla la credibilidad, la lectura ya no será igual. Hay por ejemplo, cierta droga de milagroso retardo en su accionar, que una vez que la aplicaron da tiempo a la persona para hacer todo lo pendiente, dejar todo ordenadito, pese a que es de efectos bastante rápidos en el cuerpo y mente.
Dicho lo anterior, reitero que, pese a todo, es una lectura atractiva y liviana con suspenso garantizado, útil para lectura de verano, o de vacaciones, aunque el libro no sea precisamente, una joya literaria.