Mis primeros encuentros con este libro fueron en mi niñez. Una edición especial de la revista Condorito en versión humorística y también un resumen de la obra al interior de la semanal revista Mampato, que me prestaba la maestra Laura. En mis recuerdos estaba la idea general y algunas cosas que me quedaron grabadas, entre ellas la palabra “Yokohama” que desde entonces formó parte de mis incipientes conocimientos de geografía, con el orgullo de poder localizar ese puerto nipón en el globo terráqueo que mi maestra tenía en su biblioteca. El segundo recuerdo nítido y no tan feliz, es que tuve problemas con el término “flemático” a propósito de la caracterización del protagonista. En mis conocimientos de la época, ser o estar flemático lo asociaba a una persona enferma de gripe o resfrío que expulsaba fuera del cuerpo eso que yo conocía como flema. Después entendí el alcance de dicho concepto, siempre muy vinculado a la descripción de ciertos caballeros ingleses.
Un clásico hay que leerlo en su versión completa y estoy contento de haberlo hecho ahora; así es que vayamos al libro. Partamos por el título, uno de los más auto explicativos de la literatura. La dicha vuelta se produce por una apuesta realizada en 1872 por el caballero inglés Phileas Fogg contra sus amigos del club londinense. Veinte mil libras, o sea su fortuna, a que se pegaba la vueltecita al mundo en ese plazo, algo improbable para la época. Y parte desde Londres don Phileas, este señor tan reservado, misterioso y flemático, ahora sí se entiende lo que significa, acompañado de su noble, leal y entrañable criado Passepartout (Picaporte), a intentar lograr el objetivo. Todos los medios de transporte de la época sirven para alcanzar la tan ansiada meta, barcos de todo tipo, trenes, trineos y a lo mejor hasta elefantes. Demás está decir que innumerables obstáculos se interponen en el camino, incluidas tormentas en el mar, ferrocarriles sin terminar y encuentros con gente poco amistosa.
Pero el mayor estorbo es el detective Fix, un inspector inglés que está convencido de que Fogg es un ladrón de Banco. Y entonces, ¿Quién es en realidad Phileas Fogg? Aouda, una encantadora joven que aparece en el viaje en muy difíciles circunstancias, cree que es un hombre dechado de virtudes, algo así como un santo varón.
Don Julius Verne nos entrega una prosa ágil, amena, con nudos que reflejan las circunstancias difíciles y cambiantes que enfrentan nuestros viajeros. ¿Logrará ganar la apuesta Mr. Fogg? Esa es la cuestión. Sólo lo sabremos en las últimas páginas.
Una novela exquisita del pionero de la literatura de aventuras y ciencia ficción, famoso por obras como Veinte mil leguas de viaje submarino o Viaje al centro de la Tierra. Y por cierto de esta vuelta al mundo en 80 días cuyo sello es el viaje y la aventura, el enemigo es el tiempo, y las armas son la estrategia, la planificación y la determinación a todo trance.