Opinión

[OPINIÓN] "Daños en pasaje Ricke" Por Pablo Hübner

El Heraldo Austral

La semana pasada la imagen de la máquina de trabajo en la mitad de la escalera del pasaje Ricke llamó la atención de todos los vecinos. Cientos de comentarios en redes sociales, todos con una idea clara: Esto es inaceptable.

Según Essal más que inaceptable fue un tema lamentable. Una empresa contratada por ellos para un trabajo de emergencia tomó la decisión de subir y bajar por los peldaños de la escalera con maquinaria pesada. La intención era limpiar los escombros y así, despejar pronto el pasaje Ricke para los peatones.

En esta emergencia no tomaron contacto con la municipalidad sino hasta que el desastre ya estaba consumado y advertido. El daño a la obra artística colectiva, desarrollada con mosaicos por la Agrupación Carnaval del Sur, es evidente. La responsabilidad de estas obras es de Essal.

¿Existe un protocolo de coordinación para atender estas emergencias? ¿Essal puede romper donde quiere y limpiar como quiere en caso de rotura? ¿Había mejores maneras de retirar los escombros?

Tal como dice la empresa, la situación es lamentable, pero lamentar no es lo mismo que reconocer el error. Pedir perdón, además de reparar el daño de la mejor manera y lo antes posible, implica un reconocimiento claro del error cometido. La empresa en su breve explicación relata hechos inevitables y desafortunados, todos de fuerza mayor y/o conducidos por la mejor voluntad. En la expresión no queda claro: ¿La empresa lamenta la situación como una cosa fortuita o está arrepentida de la situación como un actor responsable de un hecho evitable? ¿Cree Essal que se equivocó Essal?

La obra artística colectiva promovida por la Agrupación Carnaval del Sur no son meras piezas decorativas reemplazables. Esta es una obra de arte integral, fruto de procesos y decisiones conjuntas. Reponer el daño no es cosa simple. Merece hablar con todos quienes participaron de la obra, buscar los mismos proveedores para los materiales, replicar definición de colores, técnicas, procesos, entre otros elementos. Tanto es así que el daño incluso puede implicar considerar evaluar sacar todo y derechamente hacer un nuevo diseño, desde cero. Estos trastornos además importan usar el tiempo del equipo de la Agrupación Carnaval del Sur, quienes suman a su abultada agenda de actividades, la misión accidental de tener que recuperar esta obra de la mejor manera posible, reconociendo de partida que nunca quedará como era originalmente.

Lamentablemente no es primera vez que esta obra artística colectiva resulta con daños. Algunos ciclistas y skaters ya habían afectado parte del trabajo, pero nunca al nivel escandaloso industrial que se vio la semana pasada. El impacto que vivió el pasaje fue algo inédito para su historia.

Lo que pasó en el pasaje Ricke fue un error grave que afecta el patrimonio cultural de la comuna. Más allá de quien es la culpa, la suma de las responsabilidades merece conducir a las soluciones. Para los involucrados, junto con colaborar a reponer la obra artística, es fundamental buscar mecanismos serios para que esto no se vuelva a repetir. ¿Es la única situación de este tipo que vive la comuna? ¿Cuántas emergencias sanitarias son la explicación para obras realizadas de manera desprolija que se justifican con la promesa de pagar los daños?  

La empresa Essal tiene una historia compleja con la comunidad de Puerto Varas. Componer relaciones y confianzas es clave. La declaración de emergencia por parte de Essal y la necesidad por despejar pronto el lugar afectado son argumentos atendibles, pero que no explican la ausencia de coordinación con el municipio, tampoco, la ciega búsqueda de alternativas para evitar dañar la obra artística del pasaje Ricke. Cuesta creer que para este caso no había otra opción.

Nadie sabe cómo será la reposición de la obra artística ni cuánto tiempo tardarán las reparaciones, pero considerando las complejidades del caso, lo más probable es que Puerto Varas, la capital turística del sur de Chile, pase su temporada de verano sin tener como corresponde uno de sus atractivos más fotografiados. ¿Quién repone eso? 

Por: Pablo Hübner