Opinión

[OPINIÓN] Datos educativos en pandemia: ¿para qué sirven?

El Heraldo Austral

La pandemia trastocó el sistema escolar como lo conocíamos. Se transitó con celeridad a la enseñanza remota, lo que conllevó varios desafíos: profesores exigidos, difícil monitoreo de aprendizajes, dificultad para mantener el contacto con los estudiantes y sus familias, entre otros.

La Agencia de Calidad de la Educación también tuvo que reinventarse. Se sabía que las escuelas estaban aplicando estrategias pedagógicas según su contexto, pero no si los estudiantes estaban aprendiendo o en condiciones de aprender. Entonces, surgió el Diagnóstico Integral de Aprendizajes, herramienta que entrega información sobre los aprendizajes y bienestar socioemocional de los estudiantes.

En tiempos de crisis, la evidencia es necesaria. ¿Pero para qué sirve? La Agencia genera gran cantidad de información para monitorear aprendizajes y también enseña cómo usar esos datos. El 2020 lo hizo a través de talleres 100% online y prácticos, dirigidos a supervisores del Mineduc, educadoras de párvulos, directores, sostenedores, apoderados y docentes. Cerca de 900 personas se capacitaron por tres semanas para aprender a usar los datos educativos con foco en el mejoramiento escolar en un contexto desafiado.

En plena pandemia, usar los datos educativos permite poner foco en lo más crítico. Imaginemos que una escuela identifica que su 7° básico asiste poco a clases virtuales. Además, en el Diagnóstico Integral de Aprendizajes, el 60% de los estudiantes responde que se siente identificado con la frase “tengo cambios de humor”, y un 42% dice que lo describe poco la afirmación “me concentro fácilmente”. Por otro lado, en la prueba de Matemática se detectan mayores debilidades en Geometría y Medición. Lo clave es que ahora esa escuela sabe que lo socioemocional, por ejemplo, es un área crítica que puede estar impactando en la asistencia a clases, ya que el bienestar impacta en la motivación por aprender.

¿Qué hacer con esta información? ¿Reunirse con los profesores del curso, con el inspector general, con la jefa de UTP? Son preguntas propias y necesarias de una toma de decisiones basada en evidencia. Con esta información, la escuela puede desplegar un abanico de acciones de mejora: implementar entrevistas personales con los estudiantes, hacer sesiones grupales o una capacitación en educación emocional a los docentes. También pueden reunirse con los apoderados y compartir técnicas sencillas para favorecer la concentración y fortalecer la mentalidad de crecimiento en el estudiante. Y en el caso de Matemática, diseñar estrategias de colaboración entre docentes para compartir prácticas, recopilación y elaboración de materiales digitales, entre otros.

En este nuevo año escolar que se aproxima, la invitación es a seguir mirando más allá de los datos, es a darse el tiempo y el espacio para analizarlos, socializarlos y así generar acciones con un foco prioritario: que ningún estudiante se quede atrás.

 

Millaray Martínez

División de Información a la Comunidad

Agencia de Calidad de la Educación