Donar sangre de forma altruista, sin esperar una compensación, es un acto de solidaridad y generosidad que contribuye a salvar vidas y a mejorar la salud de muchas personas. La pandemia de SARS-COV 2 ha limitado considerablemente esta acción, ya sea por las restricciones de movilidad, el temor al contagio o porque las campañas informativas han pasado a un segundo plano, obviando la urgente y prevalente necesidad que siempre tiene la donación de sangre y que se acrecienta aún más en esta emergencia sanitaria.
Casi un 50% menos de donaciones se han registrado durante la pandemia. Por ello, es fundamental la sensibilización y educación de la población respecto al tema, informando, por ejemplo, los resguardos adicionales que han implementado los centros de recolección de sangre para que las personas continúen donando de forma segura y protegida, dado que los requerimientos de este vital elemento siguen siendo imperiosos.
Frente a este contexto, qué duda cabe que la enfermería y todo el personal médico tiene un rol relevante en educar, orientar y proporcionar información científica a los usuarios y comunidades, haciéndonos partícipes de forma activa, eficiente y eficaz de los procesos y necesidades de salud emergentes, contribuyendo así a su abordaje y resolución.
Asimismo, los planteles de educación superior, como centros formadores de personal de salud, deben generar más conciencia en los futuros profesionales sobre la necesidad apremiante de contar y aumentar el número de donantes altruistas, práctica que debe mantenerse en el tiempo, en beneficio de todos aquellos que en algún momento podrían necesitar de una donación de sangre.
Sylvia Salazar Académica de la carrera de Enfermería UDLA Sede Viña del Mar
Enfermera