• 30 de Octubre

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Había una vez una caja de alimentos, que el gobierno compró para que los municipios repartieran a las familias más vulnerables de todo el país, en el contexto de pandemia. Esa caja no estaba sola, hubo millones como ella y la mayoría llegó a destino antes de que comenzara el mes de la Patria. Las repartieron con prisa y sin pausa, como se entiende se hacen las cosas en una crisis sanitaria y económica como la provocada por el covid-19.

Sin embargo, nuestra caja protagonista no corrió tal suerte. Ella y otras 2 mil 299 quedaron guardaditas en una bodega en Puerto Varas. Apiladas, ordenadas, no al azar. Porque no quedaron olvidadas, sino que intencionalmente mantenidas allí, porque "el que guarda siempre tiene". Mi Oma aplicaba el dicho para los chocolates, que aparecían milagrosamente de sus cajones cuando los nietos la íbamos a visitar. Casi como un tesoro, un premio escondido.

Claro. Si no se entregan y se guardan, habrá para el futuro. ¿Acaso tenemos una comuna tan pujante que no hay 2.300 familias que esperan con ansias esta ayuda alimentaria temporal, de emergencia? ¿Es Puerto Varas un oasis económico y por ello no hay vecinos que estén esperando con urgencia esta ayuda? Curioso pensar que pueda ser así, mientras las ollas comunes, los comedores solidarios y tantas otras iniciativas de apoyo entre los mismos vecinos se multiplican y mantienen hace meses. Capaz que sea solo por socializar.  Y de seguro los concejales recorren a diario los barrios repartiendo harina, papas, hortalizas y tantos otros solo porque no tienen nada más que hacer.

Volvamos a nuestra protagonista, la caja de alimentos, esa que espera paciente en la bodega. Ya llegará su turno. Porque quién sabe, quizás hasta le cambien el look y en vez de decir Gobierno de Chile diga Municipalidad de Puerto Varas, o incluso le peguen una etiqueta con un nombre propio reemplazando el remitente. Se han visto casos, se oyó comentar a un parroquiano que iba pasando.

Pero no seamos mal pensados. Los alimentos que el gobierno central compró en dos tandas para enfrentar el hambre de las familias no estarán guardados hasta marzo del otro año, para salir a la luz justo antes de las elecciones. Imposible, porque sería feo, impresentable e indigno que se entreguen alimentos vencidos y medio año después del peak de la emergencia.

Mientras tanto la caja de alimentos aguarda que le den pronto un buen destino. En realidad, seamos sinceros, nuestra caja no siente. Pero hay 2.300 familias que sí han sentido y sienten hambre, que no han podido guardar para tener y que esperan urgentemente esta ayuda. Hace meses escucharon que venían las cajas, ahora saben que existen. Falta un solo paso: que se las entreguen. Así tendremos un final de cuento medianamente feliz.

 

Silvana Droppelmann Igor