• 08 de Febrero

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Más del 40% de las escuelas rurales en Chile carece de agua potable formal y, dado esto, más de 27.100 alumnos se ven afectados diariamente. Sabemos que la educación es la base del desarrollo de toda persona y comunidad. En este contexto, las escuelas rurales cumplen un rol fundamental, ya que no sólo son un espacio de formación sino también un punto de encuentro y, en muchos casos, de alimentación para miles de niños y niñas de nuestro país.

La Araucanía es un buen ejemplo para visibilizar esta difícil realidad. De acuerdo a la última encuesta CASEN, es la región más pobre del país, con un 17,4% (muy por sobre el promedio nacional) y la segunda con la mayor pobreza extrema 5,9%, que está por sobre el promedio nacional de 4,3%. Con relación al acceso al agua, esta región es la que posee el mayor porcentaje de población rural en carencia hídrica, alcanzando un 71,1%. Es decir, 7 de cada 10 familias rurales en esta región no tiene agua potable. La cifra no se puede creer.

Para seguir con los ejemplos, las escuelas rurales de la región de Los Lagos son unas de las más afectadas por esta situación de acuerdo al estudio que realizamos en Fundación Amulén. Ésta es la región con mayor acceso informal al agua, concentrando un 62,3% de las escuelas cuyas fuentes son pozos, norias, camión aljibe, ríos, vertientes, etc. Además, independiente del tipo de abastecimiento, ya sea formal o informal, el 31,6% de las escuelas rurales encuentra particularidades negativas en el agua consumida, ya sea olor, color o sabor, y el 53,6% presenta interrupciones en el suministro de agua. La pregunta es, ¿en qué condiciones se está accediendo a la educación allá? Definitivamente son serias dificultades.

Hoy existen soluciones permanentes de acceso a agua potable. Hay ejemplos concretos de innovación tecnológica, de rápida implementación y con costos abordables, que están disponibles. Qué estamos esperando para ejecutarlas y con ello cambiar el rumbo y las expectativas de estos casi 30.000 alumnos chilenos y sus familias.

Antonia Rivera, directora ejecutiva de Fundación Amulén.