Opinión

[OPINIÓN] Primero de Mayo. ¿Día del colaborador?

El Heraldo Austral

En los últimos años las empresas pertenecientes a los grupos económicos y sus respectivas gerencias de RRHH, han incluido en el diccionario de la gestión empresarial, el término colaborador como sinónimo de trabajador. Quienes manejan autos para Uber u otras aplicaciones similares, son caratulados como asociados, y los estipendios semanales los denominan utilidad pese a todas las distorsiones implícitas al no considerar la estructura de costos de cada móvil asociado, el combustible y desgaste derivado del kilometraje recorrido, permiso de circulación y remuneración del chofer. Como éstos, hay muchos ejemplos que están en la línea de la tergiversación conducente a una minimización de la carga simbólica que tienen, aún, los conceptos de trabajador y trabajadora.

En la misma línea, no parece casual que en estos días hayan circulado profusamente memes y saludos relativos al 1° de mayo, con una estética edulcorada en la línea de los saludos tipo Village para asimilar esta conmemoración con el día de la madre, de los enamorados o de cualquier otra creación del marketing orientado a repletar las tiendas.

Como bien sabemos, esta fecha se destina a conmemorar las protestas obreras para reducir las jornadas de trabajo de 12 a 8 horas diarias, que tuvieron un saldo de centenares de heridos y un desconocido número de muertos. Este movimiento, conducido por grupos anarquistas, en la ciudad de Chicago, instala la primera piedra visible de los derechos conseguidos por el movimiento obrero en el planeta. En la historia de nuestro país, durante la década de los sesenta hasta 1973, este día era de recordación de estas luchas, sus mártires y el mejoramiento de las condiciones generales de trabajo pendientes. Como bien sabemos, lo anterior no solo se acabó de golpe, si no que en 1979 se dictó un par de decretos leyes conocidos como Plan Laboral que se convirtieron en uno de los pilares del actual modelo de desarrollo, debilitando a las organizaciones sindicales y minimizando su capacidad de negociación. Es así como, lo que hoy nos parece obvio en materia de derechos laborales, fue conseguido por luchas anteriores. Además, estos logros siempre han estado en peligro no sólo de estancarse si no que también de retroceder, exacerbando la precariedad de las fuentes de trabajo, independiente del desarrollo tecnológico asociado a cada labor. La importancia de las demandas sociales organizadas son fundamentales en todas las épocas, particularmente en Chile cuando en medio de esta de pandemia la asimetría de condiciones en la gran empresa lleva a la inmoralidad de suspender el vínculo laboral a costa de los fondos de los propios trabajadores mientras se reparten millonarias utilidades a sus socios (¡los trabajdores se pagan sus finquitos con sus ahorros!)

De lo anterior, la relevancia de mantener un sentido de pertenencia de todos quienes trabajan a cambio de un salario, cuestión que no solo se ve dificultada por las leyes del actual código laboral (que obstaculiza toda forma de organización), sino que también como se destaca al inicio, están los artilugios que desde el lenguaje introducen cuñas y segmenta en categorías, muchas veces artificiales el sentido de unidad tan necesario.

Pero no son sólo las leyes laborales y las distinciones lingüísticas las que atentan contra la organización laboral, también está la permeabilización en el imaginario individual y colectivo de quienes en busca de un ascenso, reconocimiento social y estatus, buscan expresamente diferenciarse de otros grupos de trabajadores con menores calificaciones técnicas. A modo de ejemplo, en las universidades, cuna se supone del pensamiento crítico, los docentes se separan del personal administrativo y éstos del de servicios menores. El mismo fenómeno ocurre en las empresas tecnológicas, hospitales, clínicas y colegios.

Dado lo anterior, la pregunta que me motiva es; ¿cómo quienes queremos cambios estructurales para nuestro país, los podremos conseguir si muchas veces encarnamos precisamente aquellos valores y conductas que decimos rechazar?

Alberto Vásquez Montenegro

Profesor de Biodanza Coach Ontológico

Constelador Familiar (en formación)

WSP +569 98645105