Hace unos días conversé con un Club de Adulto Mayor de un sector rural de Puerto Varas, que había vuelto de un viaje al Congreso en Valparaíso.
Nunca habían estado en el Parlamento y estaban muy emocionados por conocer un lugar tan importante en la historia y presente del país. Pero para mi sorpresa lo que más les llamó la atención no fue la arquitectura ni las discusiones políticas.
Fue ver cómo, durante las sesiones que pudieron presenciar, muchos diputados y diputadas entraban y salían permanentemente de la Sala, sin escuchar siquiera a quienes estaban haciendo uso de la palabra.
En tiempos donde pareciera que el respeto escasea y que todos hablamos al mismo tiempo, las personas mayores —con su sencillez y sentido común— nos recuerdan algo esencial:
Volvamos a escucharnos genuinamente, sólo así podremos cultivar una sociedad más fraterna y menos polarizada.