• 07 de Octubre

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Vivir con un tic nervioso: el drama de muchas personas

Dr. Franco Lotito Catino

Conferencista, escritor e investigador (PUC)


Digamos de partida, que la cantidad de tics que se pueden encontrar entre las personas, es simplemente, enorme y muy variada, y en ocasiones, su complejidad confunde no sólo a la familia del afectado, sino que también a los especialistas y entendidos en el tema.

Los tics nerviosos –o trastorno involuntario compulsivo– son conductas, espasmos, sonidos, gestos o movimientos involuntarios repetitivos que son ocasionados por la contracción  de uno o varios músculos del cuerpo, habitualmente, de la cara.

Es así, por ejemplo, que el “síndrome de Tourette”, cuyo nombre se debe al neurólogo francés Gilles de la Tourette, está asociado a un trastorno del sistema nervioso que se caracteriza por la presencia de movimientos repetitivos o emisión de sonidos que no son intencionales ni voluntarios, y cuyos síntomas pueden incluir: tics, actos compulsivos, presencia de impulsividad o arrebatos conductuales.

En ocasiones, el síndrome de Tourette –de etiología neurofisiológica– puede ser confundido con el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), enfermedad cuya característica principal son las obsesiones –o pensamientos invasivos exagerados– que pueden dar origen a la realización de conductas repetitivas o compulsivas, y los síntomas pueden incluir: tics, actos compulsivos, rumiación, entre otros.

De acuerdo con la intensidad con la que se experimentan los tics, la frecuencia con que se presentan y el tipo de movimientos que originan en las personas, los tics se clasifican, generalmente, en dos grandes grupos: los “tics simples” y los “tics complejos”. Los tics simples, a su vez, pueden ser subdivididos en: (a) “tics motores”: parpadeo continuo de ojos, sacudidas de la cabeza y cuello, estiramiento, elevación o encogimiento de hombros, hacer muecas y gestos faciales, tocarse constantemente el pelo, la nariz, las orejas, etc., (b) “tics vocales”: gruñidos, tos, carraspeo de garganta, ladridos, silvidos, aullidos, soplidos, etc.

Por su parte, los “tics complejos” también tienen la misma subdivisión, pero con un grado de complejidad superior y que, generalmente, interfieren en la vida de las personas, así como también en la interacción con otros individuos: (a) Tics motores: dar saltos repentinos, tocar a otras personas (incluyendo gente desconocida), olfatear objetos, imitar gestos de otros, tocarse los genitales, golpearse o morderse a sí mismos, (b) Tics vocales: decir palabras o frases fuera de todo contexto y momento, repetición de palabras dichas por otras personas, práctica de la coprolalia, es decir,  usar palabras obscenas, gritar insultos, decir groserías, etc.

En relación con lo anterior, el síndrome de Tourette se caracteriza porque, además de los tics, se acompaña de conductas que los especialistas llaman “comorbilidades” y que afectan de manera grave a las personas que lo padecen: impulsividad, trastornos conductuales, falta de atención y concentración, trastornos obsesivos compulsivos, miedos e inseguridades con diferentes intensidades, ataques de rabia, entre otros síntomas.