Sentirse capaz y vital, esa es probablemente la clave de que esta mujer que empezó a trabajar como nana a los 12 años, anduvo a pata pelada toda su infancia, fue discriminada y logró sacar adelante a sus 4 hijos. Ella y Humberto Beltrán, su marido, cuentan cómo viven sus años dorados con ayuda del Padam de Hogar de Cristo en Puerto Varas.