Opinión

[OPINIÓN] "Elecciones y pandemia en Puerto Varas", por Pablo Hübner

El Heraldo Austral

Si no fuera por la situación que todos conocemos de pandemia, probablemente ya estaríamos en el corazón de las campañas de elecciones municipales. Los jingles en las radios, las camionetas con banderas, los papeles con las propuestas, en la foto una sonrisa grande llena de sueños. La frase con onda acompañando un llamado a la épica de un futuro no sólo posible, sino que mejor.

La postergación de las elecciones municipales le ha dado a la actual administración un alargue. Este tiempo adicional es un tiempo extraordinario. Nadie eligió a la actual administración por más tiempo del pactado. No obstante, la comunidad entiende y acepta que lo más seguro era postergar todo el calendario electoral. La prórroga no es para que el alcalde aproveche de rechazar el regreso del tren a la comuna, sino para manejar la crisis de la pandemia y sus consecuencias, como la grave crisis económica, más aún considerando el fuerte impacto que ha tenido en el turismo y todo su encadenamiento productivo.

Este atraso ha implicado cambios en el plan de los candidatos y las campañas. Hasta ahora dos concejales ya han confirmado que buscarán el cargo de alcalde y el actual alcalde, ha dicho que irá a la reelección. Si bien las campañas no se han iniciado formalmente, ya vemos diversas formas de acercamiento a la comunidad. Entrevistas en los medios, levantamiento de temas, acciones autónomas de ayuda a las comunidades, entre videos en las redes sociales y fotos.

La voluntad de ayudar a la comunidad se mezcla con la intención de salir electo por la comunidad. Es fácil confundirse. A veces son esfuerzos independientes con fondos privados, en horarios particulares, otras veces se trata de fondos públicos en horarios de trabajo remunerados con platas públicas, con la presencia de funcionarios públicos. Todo entre obligaciones y voluntades, entre comunicación y publicidad.

El trabajo del servicio público tiene atribuciones claras según el cargo. La acción de las personas más allá del cargo puede tener muchas explicaciones. No todo es instrumentalización, no todo es política, no todo es conveniencia o calculadora, pero tampoco hay que ser ingenuo: La ambición de poder, por limpia que sea, mide sus pasos en la perspectiva de un objetivo claro. La meta. Ganar las elecciones.

Ayudar porque es el deber del trabajo es distinto a trabajar para obtener un trabajo. O a trabajar independiente de obtener o no un trabajo. Cierto es que uno no debería ser el juez de lo que mueve los pasos de otras personas, menos aún si están ayudando a la comunidad que más lo necesita. Sería un agrado poder renunciar a eso. Pero, la claridad permanece difusa y la culpa no es de quienes votan.   

Esto es parte del problema que genera que las cosas no funcionen como podrían funcionar. Todo el trabajo de ayuda debería estar coordinado y planificado bajo un esquema conjunto de acción. Una mesa que articule voluntades públicas y privadas con una trazabilidad total de aportes y su impacto, con transparencia y cuidado por la privacidad de las personas.  Un sistema moderno y eficiente, más pensado que espontáneo.

Este año era el año para dejar de lado las profundas diferencias que comparten los concejales y al alcalde, y superar las dificultades con el gobierno regional y central, para enfrentar unidos la mayor crisis de nuestro tiempo. Es algo que se podía, pero no se pudo. Tenemos lo que tenemos. Coordinación parcial, mucha auto gestión y cruza de voluntades, entre el deseo de querer ayudar y el deseo de querer salir electo, entre el servicio público y la vieja lucha por el poder.

 

Por: Pablo Hübner