Opinión

[OPINIÓN] Insólito, Dos Justicias

El Heraldo Austral

Todos somos iguales ante la ley y tenemos, sin distinción, derecho a igual protección ante las disposiciones legales.

Encerrado, en un ambiente de calma, pero con intensas preocupaciones, afloradas por la presencia del COVID-19, con su cortejo de dolor y muerte alrededor de todo el mundo; aparece la noticia nacional –a todo galope- de la familia Calderón Argandoña, rica y poderosa desintegrada en mil pedazos,  más que una flor marchita, este grupo hogareño está condenado a muerte para toda la vida.

Este fuerte drama familiar, tratándose de “Calderón” podríamos anotar: “que se ha cocido en su propio amargo CALDO”.

Como el relato suscrito es poco menos “que estrellarse con los molinos de viento”. -un escrito tipo quijotesco- hay que blindarse con muros de acero.- En efecto, en varios aspectos, se va a mencionar a los Derechos Humanos, (D.D.H.H.): Artículo 19.- “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye no ser molestado a causa de sus opiniones”… cuyas opiniones fuesen difundidas por cualquier medio de expresión.- En este caso es publicado en El Heraldo Austral de la ciudad de los rosales.

Es el caso –inaudito- que en nuestro país, aún persistan dos contrastadas justicias.-  Se dice -a menudo- cárcel para el que roba una gallina para alimentar a su pobre y hambrienta familia y en el otro extremo están los muy ricos y poderosos; que roban, en triquiñuelas financieras, miles de millones de pesos. Para esta gente rica, la penalidad en vez de cárcel son: “CHARLAS DE MORAL” en tribunas selectas.

Para este capítulo –en plena pandemia de coronavirus- quedó demostrado que el actual gobierno se demoró muchos meses para que a Celestino Córdova ni siquiera se le otorgara la otra manera de cumplir la condena, (en conformidad con el Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas firmado por Chile), por el condenable horroroso crimen del cual existen numerosas dudas con respecto a la legitimidad del juicio por cuanto está demostrado que la bala que hirió a Celestino no corresponde al arma del Sr. Luchsinger, ni tampoco se ha investigado la presencia de una sospechosa camioneta blanca, por poner algunos ejemplos.

En contraste, por cierto, con la familia Calderón-Argandoña, la justicia chilena tuvo la bondad de enviar al imputado Hernán, “Nano” Calderón Argandoña a una Clínica Privada de alto nivel, con un parque -arboretum y jardín- de 15.000 metros cuadrados y con personal estatal de Gendarmería,  9 gendarmes.

¡Injusticia! ¡Caso Insólito! ¡Familia Destruida!

 

Evi Barría

Profesor Normalista